Hace unos días llegue de mi ultimo viaje: Cuba, La Habana – Varadero. Ha sido un viaje bonito, sobre todo por la posibilidad de visitar una preciosa ciudad como La Habana, una capital que destila herencia Española por los cuatro costados.
Cuando llegas a La Habana lo primero que te llama la atención es el hecho de encontrarte ante una ciudad que se encuentra en una franca decadencia arquitectónica, mejor dicho, en una galopante decadencia arquitectónica. Pese a ser este el mayor handycap de la ciudad también es su mayor atractivo. Esas calles de La Habana vieja plagadas de ciudadanos ociosos y turistas curiosos hace de de esta ciudad un lugar de contrastes al extremo. Vehículos de los años cincuenta conviven con otros viejos (que no antiguos) vehículos de fabricación soviética (léase marca Lada) y nuevos de marcas europeas y asiáticas, aunque estos últimos en menor medida.
Lo que si que es cierto es que Cuba vive para el turismo. A pesar del cansinismo institucionalizado del Cubano de La Habana (pedigüeños a mas no poder) y la cultura de la propina (arraigada ayende los mares, en todo el mundo prácticamente, excepto en el territorio patrio de las Españas), las gentes cuabanas son agradables, hospitalarias y muy educadas. El turista esta ampliamente protegido y la seguridad callejera puede resultar abrumante. El visitante nunca se encuentra perdido ni en peligro.
Desde luego, si no ves un cabaret en La Habana (Tropicana o el Parisien del afamado Hotel Nacional), si no tomas un mojito en La Bodeguita del Medio, si no pasas por Floridita a tomar un Daikiri y no paseas por el Malecon, hazte la idea de que aunque fuiste realmente no estuviste en La Habana. Una recomendacion: el disparo del “cañonazo” de las nueve (que servia para indicar el cierre de las puertas del recinto amurallado de la antigua Habana española) en la fortaleza de origen español (junto a la famosa cabaña del “Che”) situada al otro lado de la entrada de la bahía de La Habana resulta una interesante opción (con representación teatral incluida) y una sensación trepidante.
Desde luego, y a pesar de todo, La Habana es una de esas ciudades donde merece la pena ir, estar y sentirla. Ya me contareis vuestras experiencias.
Agustín Gómez
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