Buenas. De todos los que me conocen es sabido mi predilección por los productos de los de Cupertino. No seré yo quién diga que son mejores que los homónimos de sus competidores, pero si me gustaría arrojar algo de luz sobre los profanos en la materia por mucho que creen conocer. Aviso a navegantes: no es que yo sea un gran experto, pero diez años en el mercado de este tipo de dispositivos me dan algo de conocimiento.

Se me caen las orejas a trozos cuando alguien me dice que la pantalla de su Samsung S lo que sea es mejor que la del nuevo iPhone 6, por poner un ejemplo actualizado. Eso no es más que demostrar que no saben nada de nada. Primero, porque calidad no es sólo saturación de colores; y segundo, porque la pantalla del iPhone hasta el 5/5C/5S son fabricadas por Samsung Electronics y utiliza la información obtenida en este proceso de fabricación para lanzar modelos que compitan con los próximos lanzamientos de la marca de la manzana mordida. Y ojo, bien que hacen. En el caso del iPhone 6 y el iPhone 6 Plus el fabricante de los display es LG Electronics. ¡Vaya casualidad! Los dos grandes fabricantes de displays a nivel internacional (se reparten cerca del 80% del mercado de la fabricación) son proveedores actuales de Apple, Inc.).

El usuario medio debe entender que en este sector hay dos tipos de competencias. Por un lado está la que ve el público de cara al mundo del retail (la distribución al cliente final) que se limita a marcas premium (Samsung, LG, Sony, HTC y Apple), marcas de primera línea (Nokia, Huawei, ZTE, Alcatel…) y de segunda línea o de última opción (BQ, Prestigio, Xiaomi, HiSense, myWigo…). No es una clasificación despectiva, es real. En el mercado se compite en una de las dos únicas ligas que existen: precio o servicio. Luego hay casos especiales como los de Motorola.

Los fabricantes premium tienen una imagen cuidada, un producto con un gran acabado, primeros materiales y proveedores, grandes acuerdos con cadenas de distribución, servicios postventa, etc… Las marcas de primera línea ofrecen también un buen producto, quizá no tan puntero o bien acabado, pero conservan valores diferenciales como acuerdos con operadores, servicio postventa, productos comercializados bajo marca blanca de operador… Pero ya en el caso de los fabricantes de última opción se valen como ventaja competitiva únicamente de su precio de venta: servicios postventa limitados o en el país de origen, terminales no siempre homologados (caso de Android), materiales de bajo coste, gran cantidad de terminales sin 4G, etc. Al final obtenemos lo que compramos, lo que estamos dispuestos a pagar.

Cuando compramos un iPhone de Apple o un Galaxy Alpha de Samsung no sólo compramos el terminal, también compramos la posibilidad de disponer de un gran servicio postventa, de poder acudir a uno de sus centros oficiales en busca de ayuda o asesoramiento en materia de funcionamiento o configuración, compatibilidades probadas con otros productos o softwares (set-up box, Smart TV, consolas…), aplicaciones desarrolladas ad-hoc, valor añadido en la versión de stock del sistema operativo (aunque no sea siempre del agrado del usuario), ecosistema del fabricante… Cosas que ese otro tipo de fabricantes de perfil bajo no nos ofrecen ni nos ofrecerán.

Al final lo mas importante, como todo en la vida, es la experiencia y el servicio que nos brinda el aparato que adquirimos. Un iPhone nos ofrece una experiencia cerrada, es cierto, pero funciona tal y como nos dicen que lo hará. A lo mejor lo que nos tenemos que hacer mirar, o lo que tienen que hacerse mirar algunos, es el hecho de querer comprar un dispositivo y querer modificarlo sin que eso pase factura a su funcionamiento real, sin que el terminal se resienta. Pero el tema del servicio técnico y las expectativas de los usuarios a este respecto merece un apartado a parte, es otra historia.

Punto de partida

18 septiembre 2014 — Deja un comentario

El martes, 16 de septiembre, mi hermano puso rumbo a una nueva vida. Subió a su vuelo con destino Dallas camino de un reencuentro esperado, anhelado, con su mujer. Ambos, juntos, han comenzado una aventura que, sin duda, hará cambiar su vida y recordarán por siempre.

A pesar de juzgarlo por mi parte como una oportunidad no puedo por menos que albergar cierto desasosiego. Quién conoce mis circunstancias personales entiende que nos es fácil separarse físicamente de lo poco que tienes de una familia que deberías de poder disfrutar. Al final, la separación no fue tan dura como se presuponía. Lágrimas las hubo, pero las mínimas. Quizá la escasez de ellas se encontraba justificada por la convicción de que cada uno elige su camino y en esta elección mi hermano no está sólo, son dos haciendo el camino.

Ahora sólo queda esperar a ver como se desenlaza todo que, obviamente, será muy positivo. Espero que ambos descubran una nueva vida juntos y les sirva para aumentar significativamente su bagaje vital.

Mis mejores deseos.

Este año, afortunadamente, han vuelto a haber unas vacaciones. Aunque cortas, han sido muy intensas. Después de mucho tiempo hemos podido volver a estar juntos los cuatro, ahora acompañados de los tres monstruitos que hacen que cualquier período de asueto sea agotador ;)

Ahora toca volver a la rutina, y no lo digo en tono despectivo, todo lo contrario. La rutina ayuda a estructurar la vida, aunque en exceso resulte potencialmente peligrosa. Ya echaba de menos los correos electrónicos, las llamadas y todo el estrés de primera hora de la mañana.

Las vacaciones acabaron, y ya estamos en el período del verano en que vuelve poco a poco el fresquito por la noche, las tormentas vespertinas y el anhelo de que otro verano llegará.

Y luego la vida

20 agosto 2014 — 4 comentarios

Soñé. Soñé y soñando pensé que estaba en aquel pueblo de mi infancia. Allí donde las noches de agosto se tornaban frescas con la caída del sol, donde las gentes eran afables y sus tardes infinitas. Y su olor a tierra mojada por el rocío pronto, por la mañana.

Soñé que estaba sólo en aquel pueblo que me vio crecer. Recorría sus callejuelas antaño adoquinadas, ahora melladas, buscando amigos, familiares, vecinos, sus gentes. Calles estrechas, donde cada casa aspiraba a abalanzarse sobre la cercana en puja por la luz del sol. Aún parecía retumbar en sus muros la festiva música de la banda en día de fiesta, y el pisar de los gigantes, y las burlas de los cabezudos.

Caminé, entre los árboles de aquel lugar donde sus gentes paseaban y hacían de el estío algo más llevadero, en sus jardines pequeños pero coquetos. Castaños, morenas, pinos, frescor y sombra. Recuerdos lejanos que parecen tan presentes…

Y caminando alguien me dijo que era un sueño. Que cuando no vuelves a un sitio lo primero que escapa de tu recuerdo son las gentes, las personas, que sus rostros se borran de tu mente como una maldición ineludible e inacabable. Y que eso es precisamente lo que hace más triste los recuerdos y añoranzas. La falta de las personas.

Y en ese preciso momento, desperté, me di cuenta que anhelaba el regreso a mi pueblo. A aquel lugar con río en el que un grupo de chiquillos correteaban por sus calles y se hacían mayores a golpe de bicicleta y tardes interminables de pesca, tropelías por los campos de frutales y empachos de ciruelas. Tardes de fiesta, estampidas de toros y caballos, meriendas con los mayores, Mirinda, zarzamora y cinco duros para gominolas. Primeros amores, primeras miradas y besos robados, abuelos y padres que ya no están pero que siempre estarán, primos que más que primos eran hermanos, amigos para siempre y la sensación de que cualquier tiempo pasado fue mejor.

Y luego la vida.

A Segorbe y mis veranos de 1980 al 1991.
A mis primos José Carlos y Lola y a mi hermano Santiago.
A mi abuela María y a mi abuelo Mariano, donde estéis.
Y para ti Papá, te echo de menos.

El final del verano

20 agosto 2014 — 2 comentarios

Cuando llegan estas fechas ya comienza a retumbar la clásica canción del Dúo Dinámico que yo conocí a través de la intemporal serie de televisión Verano Azul. Y es que a partir del 15 de Agosto parece que el verano se va acabando, languideciendo con el paso inexorable del tiempo. Pronto llegarán las tormentas vespertinas, y nada más comience el mes de Septiembre, la vuelta al cole de los peques. Poco a poco el verano toca a silencio.

Hay personas a los que la melancolía azota con la llegada del otoño, allá por Octubre o finales de Septiembre. Tradicionalmente, en mi caso, esa sensación comienza a partir del día 15 de Septiembre. Antaño, la sensación de desasosiego inundaba mi ser, pero en la actualidad casi ansío ese momento porque supone volver a la vida cotidiana que aparco durante la época estival por cuestiones de trabajo.

Aunque para mí el verano siempre fue una fiesta, he de confesar que siempre fui más de otoño, sus hojas amarillentas de árboles de hoja caduca cayendo sobre el piso, sus lloviznas ligeras y frescas, su olor a tierra mojada, las primeras mangas largas, el comienzo del fin, anual.

Y con cada final del verano nacen nuevas ilusiones porque, para mí, anímicamente, el año acaba cuando termina el verano.

El final del verano,
llegó
y tu partirás.

(Dúo Dinámico, 1963)

Los que me conocéis sabéis que soy un muy pequeño empresario, comerciante y con esa vena de emprendimiento. En el mundo en que vivimos no es fácil conjugar determinadas cosas. Todo el mundo tiene un concepto de lo que son la mayoría de empresarios y/o emprendedores.

La lengua inglesa unifica los dos términos (empresario y emprendedor) en uno sólo: enterpreneur. Porque al final el que se pone manos a la obra con una empresa, una aventura en definitiva, es un emprendedor, porque emprende dicha aventura. Después lo matices los pone cada uno. 

La gran mayoría de las personas al oír el término emprendedor piensan en Mark Zuckerberg y su Facebook, o la venta de WhatsApp o Instagram a la gran red social de color azul. Nada más lejos de la realidad.
Tampoco seré yo quien califique a un profesional liberal como un abogado, un fontanero o un aparejador como emprender. Creo que para ser emprendedor, para asumir la aventura de crear tu propia empresa y convertirte en empresario hace falta llegar una actividad con vocación de crecimiento. Alguien dijo que no hay nada nuevo bajo el sol, y en realidad es cierto. Las mejores ideas no son las que inventa algo nuevo, sino las que lo reinventan. Ni Facebook fue la primera red social ni WhatsApp la primera aplicación de mensajería instantánea.

Siempre hago la misma promesa pero nunca la cumplo. Me gustaría que este blog sirviera para poder volcar mis pensamientos e idas y quedara para la posteridad. Siempre trato de cumplirlo, pero llevar a término el mantenimiento de un blog es una de esas tareas que siempre dejas para otro momento.

Hay muchos temas que me gustaría tratar. Sobre todo, y es algo que está de total actualidad, es como el yihadismo islámico se está abriendo paso en territorios como Irak, Libia o Siria. Al final son integrismos que no cejan en su empeño de imponerse. No los culpo por desearlo, Occidente también actuó de eses mismo modo, ¡pero hace ya varios siglos que dejo de hacerlo! Al final todo esto se reduce al combate por la supremacía de la diferentes facciones en las que está dividida nuestra queridísima madre tierra. Lamentablemente esto nos va a llevar a una nuevo guerra de proporciones mundiales, una guerra cuyos antecedentes ya comenzaron a desarrollarse en septiembre de 2011.

Ya si no metemos en materia de política nacional la cosa no mejora tampoco. No es la mismas implicaciones y consecuencias que el tema anterior, pero no dejar de ser preocupante. En honor a la verdad, he de decir que soy de los que piensan que estamos comenzando una lenta y agónica recuperación, pero que aún tiene que caer mucha gente por el camino.

Iré desarrollando estos y otros temas en próximos post. Y, una vez más, prometo publicar más a menudo.

Homenaje a Alba

12 agosto 2013 — Deja un comentario

Hoy he vuelto a leer sobre Alba, he visto los vídeos que su papá subía a Youtube, algunas otras fotos que he ido viendo por Internet… Mi conclusión es que su vida fue feliz. No cabe duda.

Me paro a pensar y veo que somos miles de personas los que hemos empatizado con su causa. El que más o el que menos hemos tenido lo suficientemente cerca una situación con muchas similitudes con su situación. Creo firmemente que es hora de hacer balance para las personas que, como yo, hemos sufrido mucho con el periplo lleno de latos y bajos de salud de esta preciosidad llamada Alba.

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Hemos cambiado el rumbo. Eso es evidente por el rito de publicaciones que llevo recientemente en el blog. Poco a poco lo voy aumentando porque creo que es la mejor manera de expresarme. Los que me conocen desde hace años saben que cómo me siento más cómodo a lo hora de comunicarme es mediante la escritura.

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La primera vez que vi su foto sentí que no era una de esas tretas que abundan en Facebook para conseguir seguidores, “me gusta”, con oscuras intenciones utilizando testimonios gráficos de desgracias ajenos. Creo que la empatía como padre que soy de una niña de dos añitos inundó mis sentimientos y me dediqué a seguir su evolución, día a día cuando llegaba la medianoche, en la soledad silenciosa de una casa donde tu mujer y tu hija duermen hace rato. Así conocí a Alba.

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