Homenaje a Alba

Hoy he vuelto a leer sobre Alba, he visto los vídeos que su papá subía a Youtube, algunas otras fotos que he ido viendo por Internet… Mi conclusión es que su vida fue feliz. No cabe duda.

Me paro a pensar y veo que somos miles de personas los que hemos empatizado con su causa. El que más o el que menos hemos tenido lo suficientemente cerca una situación con muchas similitudes con su situación. Creo firmemente que es hora de hacer balance para las personas que, como yo, hemos sufrido mucho con el periplo lleno de latos y bajos de salud de esta preciosidad llamada Alba.

Sirva este post como homenaje a una niña que vivió feliz, a su hermana Ariadna que supo estar a su lado, y a sus padres Rafa y Nieves que estuvieron más que a la altura de la circunstancias. Personas que nunca pensaron que algo así podría sucederles, tal y como pensamos cada uno de nosotros cada uno de nuestros días. Pero pensar una cosa, la vida es frágil, muy frágil. Puede no ser una enfermedad, puede ser un accidente, algo fortuito. La realidad es que las cosas pasan y siempre le toca a alguien.

Se me pone un nudo en la garganta y no puedo reprimir las lágrimas. En un post anterior os puse en antecedentes. Pero creo que cualquiera que sea padre puede ponerse en el lugar de Rafa y Nieves. Ahora toca reconstruir una vida y hacer honor a Alba. No se trata de vivir lo que ella ya no podrá vivir, ni que Ariadna viva una vida que nos hubiera gustado a todos que Alba hubiera tenido la oportunidad de vivir. Se trata de VIVIR con mayúsculas porque los que podemos hacerle DEBEMOS hacerlo y sentirnos afortunados.

Sólo cuando una vida se pierde cerca de nosotros, cuando somos capaces de percibirlo como propio, nos damos cuenta de valor que tiene una vida. Sólo cuando nos hacemos mayores y somos capaces de hacer balance de lo que hemos recorrido sufrimos con la pérdida con la vida de cada niño o joven que no tendrá la oportunidad de vivir todo lo que podía haber experimentado. Pero no caigamos en la trampa de hacer que nuestros hijos vivan demasiado rápido, no tengamos miedo, la vida tiene su propio plan para cada uno de nosotros. Cuando nacemos lo hacemos con un legado genético que es una parte importante de nuestro condicionamiento vital, para bien y para mal.

Alba vivió su vida, toda la que conoció. La vivió feliz, sólo hay que ver sus fotografías. Además, todos sabemos que para cientos de miles de personas su recuerdo perdurará. ¿A caso no desearíamos que eso nos ocurriese a todos nosotros, que tantísima gente nos recordara con amor? La euforia pasará, todo volverá sus cauces normales, pero cada uno de nosotros llevaremos, no cabe duda, a Alba en nuestros corazones. Yo llevaré a Alba en mi corazón.

Ahora, como he dicho antes, toca VIVIR. VIVIR con intensidad siendo feliz, sufriendo cuando sea necesario y arriesgando cuando sea necesario. La VIDA lo merece y todos los que no han podido llegar hasta donde nosotros llegaremos merecen que lo hagamos. Esto es como cuando premian con un Óscar a un actor de cine, se acuerda del director, del productor, del equipo técnico, del asistente, del chico del catering, de sus padres, de sus hermanos, de todos. Cuando llegue el momento, pronto o tarde, me acordaré de Alba, no cabe duda, pero también de Mario, de Gloria, de José Antonio, de mis abuelos, de mi padre…

No se trata de ser creyente o no, se trata de ser dignos de la oportunidad de que disfrutamos. Otros muchos no disponen de ella. No nos compadezcamos de niños enfermos por el hecho de serlo porque al final todos enfermaremos. Ellos no quieren nuestra compasión, quieren nuestro afecto, compañía y comprensión. La verdad nos hiere es el ver con que entereza y felicidad disfrutan de su tiempo a pesar de su padecimientos cuando nosotros nos somos capaces de valorar lo que tenemos. Aprendamos algo de tanto sufrimiento. VIVAMOS TODOS.

Hay una frase de la célebre película de Steven Spielberg “Save Private Ryan” (“Salvar al Soldado Ryan”) que decía: “Hágase digno Ryan, hágase digno de todo cuanto se ha hecho por usted hoy”. Hagámonos dignos de toda la felicidad que Alba nos transmitió, pero no sólo Alba, tantos y tantos niños en su misma situación. Alba ha sido la cara visible de este drama, como lo ha sido Pablo Huarte y tantos otros. Vemos sus vidas con ojos de adultos. No pensemos que no vivieron lo suficiente, pensemos que fueron capaces de conocer y disfrutar de la Felicidad que nosotros ya olvidamos.

Alba, allá donde estés, descansa en Paz. Te echamos de menos.

Publicado por

Agustín Gómez

Agustín Gómez, creativo, emprendedor, apasionado y con una gran dosis de idealismo y abstracción en todo lo que hace. Siempre buscando proyectos interesantes en los que participar, gente proactiva con la que contactar, momentos inolvidables que guardar. ¿Te apuntas?

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