No hubo héroes

Llevo mucho tiempo dandole vueltas a este asunto de escribir un artículo sobre mi opinó sobre lo que ocurre de manera re cursiva y casi permanente en este país con respecto a la llamada internacionalmente como Spanish War y que aquí nos empeñamos en seguir llamando Guerra Civil.

Lo primero es hacer una declaración de intenciones. Quién me conoce de cerca sabe que soy algo controvertido en cuanto a ideas políticas se refiere. Lo que en otras partes del mundo es lo habitual en España pasa a ser algo raro. ¿Un republicano de derechas? ¿Hay que habla de intervencionismo y nacionalizaciones de recursos de derechas? Claro, es normal en un país donde hemos creído la falacia absurda y malintencionada de la dualidad que entrañan las equitaciones derecha = monarquía e izquierdas = república. Todo más falso que un billete de 30€. Yo por te trato, soy uno de esos rara había que me considero de centro derecha y republicano, aspectos estos dos detonantes del golpe del 36, por qué no decirlo.

Para empezar a explicar hay que tener en cuenta que llevamos desde 1978 contando el final de nuestra más reciente contienda en suelos patrio desde el punto de vista de los perdedores, sí, de los perdedores. A alguien le pareció que era el mejor modo de resarcir a socialistas y comunistas, perdedores de la guerra, por el mal sufrido. A cambio el socialismo y el comunismo, encarnados en la siempre controvertida persona del criminal de guerra Santiago Carrillo, se declaraban monárquicos de necesidad. ¿Estamos locos? ¡Increíble!

Es a partir de inicio de nuestra llamada transición que se hacen concesiones contra natura de ésta índole. Llegarán las Comunidades Autónomas y con ellas sus verdades y sus historias manipuladas. Así pues nadie en la Cataluña democrática conoce que la ahora Comunidad Autónoma de Aragón disponía de salida al mar por la actual provincia de Tarragona, o que ganaron territorio subiendo por el Ebro en los primeros compases de la Guerra del 36, o que Andalucía en un invento de la transición, o que se regalaron nuestras posesiones de ultramar del Sahara, Ifni, Rif o Guinea Ecuatorial en pro de una futura entrada en la Comunidad Económica Europa y en la OTAN.

Luego, estas verdades obvian intencionadamente el papel de las fuerzas exógenas en nuestra nefasta contienda fratricida. El papel de la Alemania Nazi, de la Francia del Frente Popular o la Rusia de Stalin. Hay mentes interesadas que son capaces de conseguir censurar un reportaje de televisión para que no afirme que en España comenzó la II Guerra Mundial. Y esto encierra toda una serie de verdades que condicionarían mucho la imagen que tenemos de nuestra mal llamada Guerra Civil. No interesa afirmar por el peso de los hechos y la indeleble verdad que a ofrece la perspectiva sobre la historia que en España el comunismo más letal e inhumano perdió su única guerra. Lamentablemente, los españoles fuimos unos títeres en manos de esas fuerzas, fuerzas que nos obligaron a matarnos entre hermanos porque, pensaban, aquel sería el último capítulo en el exterminio de una nación que una vez los dominó a todos. No interesa saber que los Estados Unidos, por obra y omisión de sus secuaces Británicos y Franceses, avivaban los fuegos de la confrontación esperando que los soviets entraran a medir sus fuerzas y juntos arrasaran un país que deseaban desmantelar desde 1898 para luego poner un pie en Europa. Y lo hicieron. Y estos últimos perdieron.

Erraron, como erró Napoleón, y el español renace. Y esto no interesa. No cesaron hasta el nos obligaron a entrar en la OTAN y en la Comunidad Económica Europea. Desde luego no se puede negar la idoneidad de tales incorporaciones en muchísimos casos. El balance obviamente es positivo, pero no por ello debemos olvidar el precio que tuvimos que pagar y que seguimos pagando. Nosotros, gobierne quien gobierne, no nos gobernamos.

Y volvamos a la guerra, donde hombres poderosos que se conocen mandan a jóvenes que no se conocen a matarse entre ellos hasta que los primeros deciden ponerse de acuerdo. ¿Tan diferente era esa guerra de lo que pasa hoy en Siria? Mismos actores con diferentes nombres son los que doblegan las voluntades de los autóctonos para que se elimine entre ellos y dejen paso al libre mercado yankee o al paternalismo ruso. Al fin y al cabo, imperialismo. Al fin y al cabo lo mismo.

Si queremos evolucionar como país debemos pensar en la reconciliación de verdad. Las guerras, una vez perdidas o ganadas, deben quedarse en el campo de batalla. No sirve de nada llevar un constante revisionismo histórico algo que debe ser perdonado, que no olvidado. Todos, absolutamente todos -hasta Franco-, tuvimos familiares batallando en ambos bandos. Todos tendrían sus motivos. Pero sobre todo, porque la democracia falló estrepitosamente y, algunos de los que antaño fueron valedores de la II República Española, se sublevaron contra el orden inquisitorial establecido antidemocráticamente. Todos fueron villanos, no hubo héroes.

Dejemos descansar los muertos en paz. Conservemos los monumentos como testimonio de un tiempo aciago para nosotros los españoles, enseñemos a nuestros niños y jóvenes la verdad y no la doctrina. Construyamos una gran España, federal o de la autonomías, en la que otros hermanos puedan venir a unirse, pero una de todos. ESPAÑA.

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