He vuelto a la trinchera

Hace algún tiempo que decidí tomar distancia con el hispanismo. No por nada, pero me dí cuenta que mi día a día lo ocupaba casi por completo la Historia de España. Mis conversaciones acaban circundando sobre el tema inevitablemente. Había pasado varios años buceando constantemente en el tema, leyendo, discurriendo, discutiendo en redes sociales, evangelizando y haciendo pedagogía de lo bueno que sería de que todos nos uniéramos de nuevo de algún modo.

¿Fui uno de los pioneros de ese nuevo hispanismo de red social y mensajería instantánea? Posiblemente. Incluso puse en marcha una iniciativa en forma de comunidad con un sitio web desarrollado a tal efecto. Contacté con gente de prácticamente todos territorios que un día formaron aquella gran España: Filipinas, Sahara Occidental, Guinea, Chile, Perú, Colombia, Cuna, Puerto Rico, California, Florida, Argentina… Y me dí cuenta que, incluso allí, habían gentes con mayor fervor hispanista que en la península. Todo esto me llevó a una especie de crisis de fe. ¿Éramos los españoles contemporáneos merecedores de nuestra historia? Y es algo que inexorablemente nos lleva a la Guerra de España — mal llamada Guerra Civil — en indagar en el uso de nuestra identidad por parte de uno de los bandos y el odio hacia la misma identidad desde mucho antes por parte de los integrantes del otro.

Es una pena el uso que se ha hecho de la última contienda en suelo patrio. De como la izquierda rancia ha mentido vilmente sobre su gobierno durante la II República. Poco menos que se erigieron como salvadores de una España pobre y mugrienta. Siembre sacando fotos de zonas rurales deprimidas, de andrajosos que no representan la totalidad de los territorios. Lo mismo que cuando los soviéticos sacaban fotografías de labradores colectivizados sonrientes y hoy sabemos que era mentira.

Tampoco nos hablaron de los golpes de estado de Largo Caballero y sus secuaces, aquellos que querían república, pero no democracia. Los que anhelaban la llegada de su tierra prometida en forma de dictadura del proletariado, ese eufemismo que les permitiría enriquecerse. Es triste pero es real y es verdad. Y mientras tanto pagaban la ayuda de Moscú con el oro del Banco de España. Al menos el Frente Nacional pagó la ayuda con cerca de 20.000 voluntarios divisionarios, muchos de los cuales habían combatido durante nuestra guerra en el bando Republicans (que no de la República).

La II República no nació muerta pero si herida de muerte y falleció en 1934 definitivamente. Nació solo porque el pucherazo y el menosprecio al campo se impuso, amén de un rey cobarde o en exceso condescendiente con su pueblo que no quiso morir a manos de exaltados radicales, y huyó. Aquellos mismos radicales a los que Negrín achacaría la derrota en la guerra, pues aún con contar con casi toda el arma naval y toda el arma aérea y más de la mitad de la terrestre los africanistas le ganaron la partida. Sí, aquellos radicales desheredados de la tierra con más ganas de vengarse que de combatir, terror en retaguardia y carne de cañón en el frente, postureros frente a los idealistas fotógrafos de los medios occidentales, mal pertrechados, mal preparados, carentes de disciplina y siempre luchando entre facciones. Matar religiosos o católicos varios lo hacían de maravilla, pero cuando un enemigo preparado, profesional, se aproximaba poco tenían que hacer. Se creían ungidos por un halo de protección de la diosa República, pero no, nada más lejos de la realidad.

Y con ello, y en connivencia con socialistas, comunistas, anarquistas e independentistas vascos y catalanes posibilitaron el advenimiento de aquellos otrora alabados cuarenta años de paz. Aquel generalísimo de todos los ejércitos diétame té canijo y mal proporcionado, hasta en su tono de voz, se amarró a su trono. Se alzó para salvar a España, y por ende, su república, porque este señor era republicano. Otra cosa no es lo aire hiciera después. De la prostitución de la Falange y el Tradicionalismo Carlista en aras de un sindicalismo a lo franquista ya hablaremos en otro momento, porque también tiene miga. Acabó con el socialismo sindicalista de Falange y la monetaria Carlista de un plumazo.

Ahora todos son buenos. Todos tienen recetas para sacar a España del atolladero. Pero cuidado, que son los mismos que antes y demasiado parecidos a los de 1936, más unos que otros, pero demasiado parecidos. Yo abogo por una tercera vida que nos empodere, que nos permita ayudar a quien deberían ser nuestros principales compañeros de viaje: la Hispanidad. Yo he vuelto a la trincheras en defensa de nuestra identidad colectiva, el viaje va a ser impresionante, ¿te apuntas?

Publicado por

Agustín Gómez

Agustín Gómez, creativo, emprendedor, apasionado y con una gran dosis de idealismo y abstracción en todo lo que hace. Siempre buscando proyectos interesantes en los que participar, gente proactiva con la que contactar, momentos inolvidables que guardar. ¿Te apuntas?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s