En la línea de mis escritos políticos quiero seguir escribiendo mis pensamientos y pareceres. En mi artículo anterior hablaba sobre el populismo político que tanto ha arraigado en los últimos años en nuestro país. Lo hacía en base a al guerracivilismo de base que se ha instaurado en la retórica política del día a día patrio. El que más o el que menos se ha visado tentado por dicho populismo e incluso se ha visto escorado hacia él creyendo que era lo más indicado en base a nuestra conciencia política individual.

El que más o el que menos, solemos hacer examen de conciencia y realizamos ejercicios de autocrítica. Bueno, si no somos servidores cautivos fanatizados ideológicamente. Y los hacemos porque es sano y porque la gente de bien, la gente de a pié, suele variar su pensamiento en función de los acontecimientos y de los conocimientos que van adquiriendo. Llega un punto donde te cuestionas si contribuir a la polarización extrema es positivo y si eso no va a contribuir también a que las posiciones se enconen, se alejen y se cree una brecha que en un momento dado puede ser irreconciliable mediante dialéctica, negociación o democracia.

Pero claro, el espectro político precio al 15M era el que era. En realidad, un bipartidismo salpicado de nacionalismo con aspiracionismos independentistas varios. Un espectro muy militado, muy centrado, donde las diferencias ideológicas eran muy poco importantes a la postre. Un espacio político muy apropiado para la alternancia de las fuerzas políticas imperantes en el Gobierno de la nación por el que combatir en base a pequeñas diferencias programáticas cada cuatro años.

Fue un movimiento el que capitalizó el descontento ante una crisis devastadora en lo económico y social que el presidente de turno, inexperto y buenista, acrecentó en nuestro país pinchando la burbuja inmobiliaria porque era necesario un nuevo modelo productivo en España. No sabía cual, pero otro. Con él y sus movimientos ineficaces llegaron los primeros recortes sociales que nadie recuerda pero fueron los más grandes. Pero ahí estaba quien apuntalaría la ideología, a la postre capitalizando la inercia generada por un movimiento aparentemente espontáneo. Primero los círculos donde gentes de toda ideología y condición contribuían con ideas, pensamientos y acciones. Mientras tanto aquellas acampadas legendarias, aquella camaradería, aquellas declaraciones huyendo de ideologías de cara a la galería, aquella cobertura inusitada de aquellas nuevas cadenas de televisión privadas que querían ganar notoriedad… Luego ya sabríamos quién era Espinar, Iglesias o Errejón, señores vinculados con los movimientos sindicalistas y comunistas en la Complutense de Madrid, aprendices de Monedero, evangelizadores de un nuevo socio comunismo a medida de quienes siendo niños acomodados de la capital nos convencieron de que eran proletarios desposeídos de la tierra. había nacido Podemos — y muchos no nos habíamos enterado —.

Yo estuve en alguno de aquellos momentos en mi población. Tenía mucha curiosidad. ¿Sería verdad? ¿Había despertado la conciencia social por fin? Conocí a gentes, verdaderos proletarios del siglo XXI, con ideas, con argumentos, que comenzaron a dar forma al primigenio Podemos. Sin recursos y pidiendo muchos favores fueron abriendo círculos en pequeñas poblaciones. Conversaba con ellos de Keynes, de Hayek, de el verdadero socialismo y de porque el socialismo actual era una gran mentira revestida de progresismo. De como militaristas habían copado revoluciones socialistas para establecer comunismos alejados del objetivo real del colectivismo. Esa gente buscan llegó a ser relevante en Podemos. Los arquitectos del proyecto no tenían los mismos objetivos. Tenían, ahora lo sabemos, otros.

Y Podemos lanzó la primera piedra del guerracivilismo en forma de victimismos. El proletario del imaginario podemita, desheredado de la tierra, explotado por el capital ahora era el perdedor injusto de una guerra que le sobrevino. Y la gente les creyó. El terreno estaba ya abonado por cierta Ley de Memoria Histórica construida ad hoc para bando perdedor por un inefable presidente del Gobierno de España del siglo XXI anteriormente nombrado sobre estas líneas. La cuestión era poner en valor ya no la II República sino el período donde gobernó la coalición de todas las izquierdas establecida bajo la denominación de Frente Popular. No importaban los latrocinios y crímenes perpetrados durante su legislatura. Los asesinatos. Las colectivizaciones forzosas. El asesinato del jefe de la oposición Calvo Sotelo.

En mi anterior artículo No nos dejemos engañar me extiendo explicando como las formaciones políticas inherentemente faltan a la verdad y la manipulan para que creamos en el dogma en que se basa su línea ideológica. Es como cuando se pelean dos niños pequeños: cada uno nos dirá lo que nos quiera contar para que nos posicionemos a su favor. Es lo que hacen, y caemos en su trampa casi sin darnos cuenta. Y esto es así porque la mayoría de las veces seleccionamos nuestro posicionamiento ideológico, el partido político al que votar, nuestro bando por antagonismo al que nos produce rechazo. Y de esto, también se valen.

La política en la actualidad no es una vocación altruista para mejorar las condiciones de nuestra sociedad, si es que alguna vez lo fue. La política actual ha mutado de un oficio remunerado a una profesión que incluso dispone de planes formativos en centros universitarios de todo el planeta. En pocas palabras, se estudia para ser político y el hecho de disponer de un título de Ciencias Políticas parece ser una patente de corso en el ejercicio de la función política. Por eso no debemos extrañarnos si cada vez tenemos más tipos y tipas mediocres forjados en sindicatos estudiantiles y en juventudes políticas como único currículum profesional. Lo verdaderamente preocupante es que la gente lo valore como un verdadero mérito. Y es que hay muchas personas que confían plenamente en el predicamento de Pablo Iglesias o Juan Carlos Monedero porque estudiaron Ciencias Políticas y ellos saben mucho de eso. Sí, claro, estudiaron teoría política en un feudo izquierdista para manipularnos con más facilidad.

De igual modo podemos diseccionar el lado contrario, la derecha extrema, en base a sus méritos o desméritos. Es el marketing de la política actual. Imaginemos que yo, alguien que no puede escalar más puestos en mi partido creo mi nueva formación para capitalizar — y vaya si lo ha hecho — el ala más extrema del partido al que pertenecía. incluyo a un boina verde — de reemplazo — y un secuestrado víctima de ETA y echo a rodar. Sólo que no cuento con los franquistas, falangistas y requetés — carlistas tradicionalistas — que ven en mi bebé el feudo más aproximado a su espectro ideológico y que algún disgusto me van a dar. Postulados de derechas sin paliativos, vocabulario directo, España primero y una pléyade de nostálgicos con ganas de encontrar un asidero ideológico dejan libre el paso hacia el Congreso de los Diputados. Nació Vox.

Pero ante todo, no dejemos de lado el proceso por el cual estas formaciones aparecen. Sin tener en cuenta a Ciudadanos que, como UPyD, nacen con vocación de centro progresista y con vocación no independentista de los primeros, el advenimiento de los nuevos extremos no es más que una intencionalidad de nueva conciencia de izquierda popular en el caso de Podemos y la respuesta por la derecha, igualmente dentro de un espectro radical, de Vox. Causa efecto en su más pura acepción. Aunque quizá los grandes partidos no calibraron el daño.

Podemos no robó votos a IU — la coalición de izquierdas española por antonomasia —, no al menos los que cabría esperar. Más bien con Podemos comenzó la sangría del PSOE. Sangraría que forzaría el vuelco ideológico de una de las formaciones hegemónicas de la democracia nacional que la descendería a los infiernos y le haría volver al marxismo leninismo, al socialismo rancio, a alejarse del progresismo moderno. De hecho pudimos observar como un candidato defenestrado logró volver al seno del partido cual hijo pródigo y asistimos estupefactos a las purgas son cuartel que perpetró ante toda disidencia. Tremebundo pero cierto. Y pagando las consecuencias de dichos actos y de la carrera por alcanzar a cualquier precio la Moncloa obtenemos todos los movimientos ideológicos dentro del Consejo de Ministros y del Gobierno de España que observamos alejados diametralmente de las necesidades reales del pueblo español. Un megalómano y un teórico del socialismo más anacrónico, mano a mano, a los mandos de la nación más antigua de Europa.

Del PP poco. Ni ha estado ni se le ha esperado durante mucho tiempo. Las rivalidades internas sólo contribuyeron a que Ciudadanos y Vox, por turnos y por regiones, canibalizaran si electorado. Y durante mucho tiempo pareciera que no importara en el seno de Génova. Su líder, bastante insulso al principio, no sabía muy bien cual era su espectro, su target como se dice en marketing. La derechita cobarde les llamaban los que hace poco formaban parte de sus filas. Y sufrieron sangría, vaya que sí, tanta como para que con sus votos se conformara una tercera política en el arco parlamentario del Congreso de los Diputados. Sólo ahora su primera espada parece haber entendido cuál es su papel y comienza a pugnar por recuperar su lugar en el centro derecha aunque sea a costa de jar gobernar el país al peor de los presidentes en democracia de la historia de España.

Suele hacer alegatos finales y este lo va a ser. No dejemos que nos arrebaten el centro, que nos lleven hacia los extremos, porque es lo que muchos quieren. Saben que las pasiones mueven montañas, y es cierto, pero las pasiones también despiertan los más bajos instintos del ser humano. Apostemos por la moderación, la altura de mira y el sentido de estado que ahora mismo está faltando.

No nos dejemos engañar

Hace mucho tiempo que la política en España se está radicalizando en sus posturas fundamentales. Sí, es cierto que este proceso también se está produciendo en el resto de los países de nuestro entorno y parece ser una tendencia. Pero es que en nuestro país toman un tinte más funesto si cabe la radicalización y las tesis meramente populistas de la izquierda y la derecha cuando tenemos todavía fresca una guerra, la de España, que tanto dolor causó por una situación muy similiar en terminos de posicionamientos políticos.

Nos hemos radicalizado y no nos hemos dado cuenta, y han tenido que venir autores como Arturo Pérez-Reberte o directores como Alejandro Amenábar a mostrarmos con su obras que en todas las casas cuecen habas, y en la mía a pucherazos. Y es que todo el posicionamiento doctrinal en matería política de este país viene a resultas de la Guerra Civil. Lo chocante es que prácticamente nadie conoce dicho conflicto con suficiente profundidad para huir de posiciones acérrimas y observarla desde una perspectiva dada que explicará los hechos por ellos mismos. Una guerra es una guerra, en una gueraase mata en el frente, pero también en la retaguardia. Y cuando una guerra llega es porque el resto de los recursos han fallado o se ha propiciado su fallo.

Estos días podemos observar uno de los motivos últimos de nuestra postrera guerra fraticida en el recuento electoral de Estados Unidos. Todo lo que no sea un sistema donde cada voto valga lo mismo es injusto. Y en Estados Unidos ocurre que los votos otorgan compromisarios y puede darse, y se da, el hecho de tener más votos en general en un estado de la unión y sin embargo no ganar los compromisnarios del mismo. Es por eso mismo que el señor Donald Trump obteniendo menos votos en el global de la unión consiguió la presidencia frente a Hillary Clinton, la candidata más votada — superó a su rival por casi tres millones de votos —. Ahora vemos que al actual presidente de los Estados Unidos se le ha vuelto la tortilla.

Algo similar, sin llegar a tal extremo, le ocurrió a las elecciones generales de 1936 convocadas por la II República. Sin tener en consideración los rumores bastante fundandados de pucherazo electoral — práctica muy habitual por aquel entonces en España y en la mayoría del mundo — habría que decir que el Frente Popular — la colación de izquierdas — ganó las elecciones por un estrecho margen de poco más de 150.000 sufragios. Ese exiguo 1,5% más de votos le otorgó el 55% de los escaños a dicha coalición mientras que la coalición del Frente Nacional — la derecha — sólo obtuvo el 33%. Es decir, un 1,5% más de votos le otorga al vencedor un 60% más de escaños en el Congreso de los Diputados. He aquí un problema, que es el problema de siempre y que es el mismo problema que tiene Trump: el sistema electoral que se expresa en la Ley Electoral aplicable en cada caso. Y es que es obvio, mientras no sea el votante el que elija con su voto directo al presidente de su nación siempre vamos a tener este tipo de suspicacias. A la postre, no vale lo mismo un voto de una persona de Castellón, que de un ciudadano de Madrid u otro de Guipúzcoa. De aquellos polvos vienen estos lodos.

Y eso nos lleva a Largo Caballero. No diré PSOE porque aunque comparten siglas y símbolos poco o nada tiene que ver la formación política del año 1936 con respecto a la actual más allá de la actitud de nuestro señor presidente del Gobierno Pedro Sánche Castejón o el inefable José Luís Rodríguez Zapatero y sus respectivos secuaces. La inmensa mayoría de su militancia y sus votantes no merecen tal comparación. Y digo esto porque estos seres anteriormente nombrados siguen creyendo en fábulas figurativas que ven al socialismo como la antesala del colectivismo y la internacional socialista. Piensan que estamos en tiempo de lucha de clase y olvidan que el reparto de la riqueza, cosa que me parece necesaria, siempre debe estar a expensas de dos cosas, a saber: 1. contar con quien tiene el capital para que lo invierta y lo haga fluir y 2. disminuir el tamaño del estado que, en el caso de España, es una auténtica aberración con más de tres millones de servidores públicos y 400.000 políticos. Pero no, esta gente lo soluciona todo con gasto público con el dinero que no tiene a base de endeudamiento externo y subida de impuestos. Y mientras tanto los mal llamados sindicatos se mantienen en un discreto segundo plano no vaya a ser que sus matrices vayan a afearles otro tipo de conductas a sus brazos sindicales.

Y decía que eso nos lleva a Largo Caballero, a ese gran peligro político que lo fue, e inculto e ignorante hasta la médula. Un tipo que arengaba a la guerra civil si el Frente Popular no obtenían mayoría absoluta en las elecciones generales en 1936 y que veía el gobierno de la colación de izquierdas como el paso previo a una república socialista. Un individuo que preconizaba no creer en absoluto en la democracia y que ésta sólo era una vía para alcanzar la dictadura del proletariado. Un golpista condenado. Un tipo responsable a nivel intelectual del asesinato del líder de la oposición, Calvo Sotelo, el 12 de julio de 1936. Vamos, un bolchevique de libro. ¡Y qué decir de su amigo Indalecio Prieto…! En este punto recomiendo encarecidamente que se visionen sus discursos en YouTube, sobre todos los de principio del año 1936, los suyos y los de Dolores Ibarruri La Pasionaria, por ilustrar con hemeroteca lo que estoy comentando.

Tenemos servido el conflicto. Unos no lo quieren iniciar porque la comunidad internacional los condenaría a la derrota moral y política desde el primer momento. Otros tratan de seducir a los militares que se encuentran al borde de la sublevación por los desmanes y las denigraciones que para las fuerzas armadas ha provocado el gobierno del Frente Popular. Y entre medio potencias autoritarias deseando posicionarse y medir sus fuerzas fuera de sus fronteras. Era cuestión de tiempo y asesinando al jefe de la oposición política en el Congreso de los Diputados se esperaba el resultado acontecido.

Está claro, ¿no? Está suficientemente claro que el problema de la Guerra Civil tiene un origen político, ¿no? Pues no. Nos falta Franco, que es el mal de todos los males para algunos y un santo cruzado para otros. Pues oiga no, que este señor pasaba por allí y se aprovechó.

Que los militares estaban preparando una sublevación con resultado de golpe de estado era un secreto a voces. Uno de esos chascarrillos comunes en los pasillos del Congreso de los Diputados. Acordémonos de la Sanjurjada. De hecho es el general Sanjurjo el que está detrás de todos los preparativos para el alzamiento militar del 18 de julio de 1936. No se iba a producir en aquellas fechas, pero la muerte a manos de militantes de izquieras vinculados con el PSOE enciende la mecha. Comienza la cuenta atrás. Sanjurjo no podrá ver si quiera el inicio de su obra porque un oportuno accidente aéreo cuando se disponía a volar desde Portugal a territorio nacional para unirse a la causa acaba con su vida. No será el único general muerto en extrañas circunstancias como anteriormente le ocurrió a Balmes y más tarde le ocurriría a Mola.

Franco se dejó querer y no se incorporó a la sublevación de manera oficial hasta el último momento, el último día a última hora. La excusa oficial fueron los bombardeos aéreos ordenados por el gobierno de la II República sobre las ciudades españolas en el norte de África de Ceuta, Melilla, Larache y Tetuán el 17 de julio. La realidad es que Francisco Franco Bahamonde estuvo conspirando desde el momento mismo que puso un pié en las Islas Canarias denigrado en el mando por parte de un gobierno temeroso de unos altos mandos africanistas afines a Sanjurjo que podían unir a su causa a la alta oficialidad militar en la península. Al principio sus aspiraciones eran modestas y estaría a la orden de Sanjurjo siendo Mola el líder de la sublevación y la propia campaña en territorio peninsular. Pero algo hizo cambiar a Franco de opinión y fue alguién que ostentaba su mismo apellido: su hermano Nicolás. El resto de la historia la sabemos, de cómo llegó a generalísimo a expensas del masón Cabanelles y la Junta de Defensa, de como se quitó toda competencia y como Serrano Súñer, a la sazón su cuñadísimo, le instruyó como pudo en materia política y económica dado que el primero carecía de todo tipo de conocimiento o formación en estas materias. Resumen: Franco fue un conspirador y un advenedizo que se deshizo físicamente de quien le molestó, hasta de José Antonio Primo de Rivera cuya imagen e ideología instrumentalizó.

Matanza del Cuartel de Montaña, Madrid. Fue el lugar elegido por el General Fanjul para proclamar la sublevación en la capital. Fue tomado por la Guardia Civil y la Guardia de Asalto leal al Gobierno de la II República y milicias populares el 20 de julio de 1936 causando casi un millar de muertos entre las tropas de la guarnición, muchos de los cuales trataron de rendirse enarbolando banderas blancas.

¿Que pasó? Que en la retaguardia, lejos del frente, los de izquierdas radicales cometieron crímenes de fanáticos ideológicamente adoctrinados y los de derecha mataban a sus enemigos ideológicos con método, con disciplina militar. Unos para robar bienes y enajenar inmuebles, luchar contra el rico o incluso el pequeño propietario o comerciante que se negaba a colectivizar sus bienes y propiedades con milicias que no combatían y se dedicaban a delinquir sin control quemando iglesias y matando religiosos. Otros porque el cura de turno se sentía ofendido porque tal o cual no iba a misa o no era un buen católico, en represalia por actos vandálicos contra propiedades de la Iglesia o en venganza de asesinatos de correligionarios. Vamos, nada de poner la otra mejilla, ni de misericordia o piedad. En tiempo de guerra todo agujero es trinchera. Cualquier escusa es válida para resarcir envidias, despechos, desplantes e incluso por lemas de lindes. Pero vaya, que todos mataban. A lo mejor esperábamos que en la guerra no se hicieran cosa de guerra.

Y en medio de aquello los españoles de bien. La inmensa mayoría de personas que, aún simpatizando con uno o otro lado de la bancada política nunca alzarían su mano para causarle al otro el menor daño. Hombres reclutados a golpe de amenaza en levas obligatorias para uno u otro bando. Rojos combatiendo en el bando Nacional por mera ubicación geográfica. Fascistas combatiendo en las filas del Ejército Popular por mera casualidad. Combatientes, carentes en su mayoría de ideología o preferencia, combatiendo contra iguales por mantener su integridad física simplemente. Chaqueteando de un bando a otro para ver a su familia, reunirse con sus hermanos en el frente o para no ser asesinado al ser copado o tomado como prisionero. Unos con comisarios políticos que eran capaces de asesinar combatientes por la espalda si los veían flaquear en el asalto. Otros con capellanes que bendecían armas y auspiciaban en honor de Dios el exterminio del enemigo. ¿Diferencias? De terminología, estéticas, las que puede suponer las resultantes de un choque de una religión política y una religión milenaria con seres humanos como rehenes combatientes. Decía un oficial cuando yo era militar profesional que para la tropa la guerra se reduce a un momento en que decides quién llorará si tu familia o la del adversario, porque si te paras a pensar que quien viene de frente tiene una vida, familia, amigos, no le disparas.

Masacre de Badajoz. Tras la huída despavorida de las milicias del Frente Popular ante la inminente caída de la ciudad, los ex combatientes o sospechosos izquierdistas fueron fusilados masiva y sistemáticamente por orden del General Yagüe — en adelante conocido como El Carnicero de Badajoz — del bando Nacional.

La guerra terminó y se impuso un régimen más o menos autoritario que el que hubiera surgido si el Frente Popular hubiera salido victorioso de la contienda. No era monárquico, ni era fascista, era Franco y toda una pléyade de oportunistas que sacaron a los políticos de la política y instituyeron su propia casta, para bien y para mal. Se revistió de Falange, de Carlismo, de un aura de monarquía que no fue pero que recordó a España su mística, su leyenda y sus grandes hitos y le sirvió de asidero al pequeño Paquito, al General más joven de Europa, a quien Francia condecorará con la Legión de Honor, el más condecorado por la II República. ¡Pero si engaño hasta al mismísimo Alfonso XIII! El cuarenta años de Franco y sus consecuencias.

Ahora Franco está en boca de todos por la causa populista. Causa que no entiende de izquierdas o derechas sino de arrastrar al populacho con una dialéctica vacía y malintencionada. Saben que la Guerra Civil levanta las pasiones de uno y otro lado del pueblo que, erróneamente, cree su ser querido represaliado o asesinado por ser católico defendía unos determinados ideales encarnados en determinadas formaciones políticas en la actualidad. Lo siento señores, nada más lejos de la realidad. Muchos fueron carne de cañón o expiación de venganzas primigenias como el mismo Federico García Lorca. Otros fueron pasto de radicales cobardes que nunca pisaron el frente pero mataban a personas de bien como conejos, unos vilmente y otros con método. Unos fusilaban en la tapia del cementerio, otros directamente en los bordes de fosas comunes dentro camposantos incluso con curas presentes. Pero la gran mayoría de quienes combatieron lo hicieron coyunturalmente, por pura casualidad o instinto de conservación. Esas personas son las que cerraron su etapa y trataron de volver a sus vidas dando por hecho que se podía obviar la libertad política en aras de una convivencia pacífica. Los mismos ex combatientes que en su mayoría veían con estupor en que se convertía la vida política de España durante la década de los 80 y 90, y gracias que hoy casi no queda nadie para ver en que se ha convertido el cuento.

Vamos a hacernos un favor y no confundamos a estos ex combatientes con los envalentonados politicuchos que huyeron al exilio a la primera de cambio y comandaron su lucha contra el régimen desde París o Moscú. O los que escalaron puestos en el régimen como falsos falangistas tradicionalistas o afectos al régimen, casos similares a los Vestrynge y fauna similar. No confundamos a los comisarios políticos del Ejército Popular o a los páter castrenses — curas militares —, agentes adoctrinadores y/o evangelizadores, a los requetés o falangistas fanatizados o a las milicias de radicales izquierdistas todos con sed de sangre y venganza con los ex combatientes accidentales víctimas bélicas de una guerra entre hermanos. No confundamos a la Iglesia Católica con algunos clérigos ambiciosos y criminales que vieron la oportunidad de medrar en el escalafón eclesiástico patrio y vengar la creciente desafección religiosa del pueblo español causada por un estamento religioso alejado del pueblo y de la realidad. Nada que ver por favor. Ni todos eran falangistas — ni mucho menos — ni todos eran milicias de postureo.

Y después de aquella guerra la vida continuó. ¿Recordáis el final de Juego de Tronos? Pues igual.

Mi alegato va en favor de huir del populismo barato que se vomita constantemente en medios y redes sociales. Huyamos de lo que algunos líderes políticos con cargos electos en el actual Gobierno de España fomentan por obra u omisión. Huyamos de ese revanchismo vacuo que muchos sienten porque son incapaces de ver que la gran mayoría de sus antecesores que enarbolan como víctimas del franquismo o víctimas de la retaguardia republicana quizá no eran si quiera correligionarios reales de la causa por la que murieron y que, casi con total seguridad, murieron gentes de su familia víctimas de uno u otro bando en retaguardias o campos de batalla.

En la guerra sólo hay honor para el soldado profesional, el que lo es por vocación. No lo hay para el pueblo obligado a combatir en nombre de unos líderes que fallaron en su mandato, que no pierden sus vidas y mandan a quiénes debieran proteger a que la pierdan por sus ideas, por las ideas de sus líderes. Y aunque muchos combatiríamos por nuestra patria, nuestras ideas, nuestras familias, nuestros amigos o nuestro vecinos, ¿valdría la pena hacerlo por culpa de quiénes no supieron hacer honor a los designios de la soberanía nacional? ¿Alguien iría al frente por ideologías prostituidas de mano de unos políticos ineptos y mediocres? ¿Quién es el enemigo? Sin nosotros ellos no son nadie.

La próxima vez que alguien desee dejarse llevar en brazos del populismo barato que vomitan determinados líderes populistas, alguno de ellos, partidos que antes eran constitucionalistas en todos los sentidos, que se pare a pensar. No dejemos que nos enfrenten. No nos dejemos engañar.

De esta no salimos igual

Quién piense que de esta salimos indemnes, se equivoca. España, de este capítulo de secesionistas y separatismos varios no va a salir igual. Yo cada día estoy más convencido de que está todo más que pactado para que en la coyuntura que nos encontramos parezca que no sale nadie perdiendo. Es mi visión, y cada día la de más personas.

Nos hicieron creen que Carles Puigdemont se había fugado del país horas antes de ser imputado por malversación y un puñado de cargos más a cada cual más vil. Nos hicieron dar a entender de que no estaba vigilado, cuando ahora sabemos que tienen a los mejores hombres del servicio secreto patrio detrás de ellos, tanto dentro como fuera de la piel de toro. Es por ello que nadie con un par de dedos de frente se pueda creer los episodios de fuga que hemos sufrido en tiempos recientes. Porque vamos, lo de la señora Marta Rovira es ya para echar cohetes, de traca.

España no saldrá de esto indemne, no se va a ir de Rositas. Ni mucho menos. El fantasma del federalismo asoma. Muchos le temen, pero quizá es la solución final contra el independentismo. A lo mejor es una buena opción para que otros territorios de ultramar obtengan una forma que les permite engarzar con una nueva e hipotética federación.

Muchos me van a echar a los pies de los caballos por lo que estoy diciendo, pero en momentos como estos hay que hacer concesiones y todos debemos poner de nuestra parte para alcanzar un consenso en aras de la convivencia. Quizá debemos cambiar el modo en que se relaciona España entre sí para que España perdure. Si seguimos en la cerrazón de no negociar absolutamente nada, nada es lo que obtendremos. Hay que tener muy en cuenta que la mitad aproximada de los votantes catalanes se decantaron por la opción separatista. No es un dato nada desdeñable.

Esta claro que hablar de España nación de naciones no significa nada en absoluto, que decir que en tiempos de los Reyes Católicos vivíamos en una Corona Confederal es del todo inapropiado por el propio significado del término, pero desde luego que España ha sido un crisol de culturas formado por reinos, virreinatos, condados y demás figuras territoriales feudales es algo que nos demuestra de que nunca fuimos un estado centralizado más allá de mantener al mismo rey, por tiempos también emperador. ¿No podemos remar en ese rumbo? ¿No podemos buscar la fórmula que converja en una imagen política semejante?

Desde el movimiento Union Hispánica buscamos un modo en que todos los hispánicos podamos vivir juntos en un fuerte estado, ya sea federal, confederal o incluso central llegado el caso. Buscamos un modo de engarzarnos en un todo. Un modo de vivir juntos como nunca debimos dejar de hacerlo como vía a fortalecernos y cortar la independencia del enfermo y decrépito bloque anglosajón.

Hoy Puerto Rico, mañana las Españas.

España. Nación sin Gobierno.

Que España lleva sin Gobierno desde las Elecciones Generales del 20 de diciembre de 2015 es público y notoría. Además, no lo es sólo para España y los españoles, lo es para el grueso de la comunidad internacional, o al menos para los países de nuestro entorno más inmediato. Tanto es así que hasta el mismísimo todopoderoso Barack Obama, a la sazón presidente de los Estados Unidos de América, vino a dejarnos el encarguito de fortalecer la unidad de España y comenzar a trabajar para tratar de terminar de salir de la crisis, que ya dura demasiado.
De manera repetida, cual mantra, hay gente que entona el ya manido dicho de que España es  un país de pandereta y, aunque tengamos la tentación de creérnoslo no lo hagamos, no es cierto. Lo que si podemos decir con total tranquilidad es que nuestros gobernantes nunca, pero nunca desde los Habsburgo, han estado a la altura del país que conducen. Nuestros dirigentes, y es un mal del que adolece la nación sobre todo en tiempos recientes, son personajes mediocres que nunca han sido cercanos y sensibles a los problemas de sus ciudadanos porque nunca han estado al nivel en que podían haberlos experimentado. Esto no es USA donde la persecución tenaz del sueño americano te puede llevar a ser el principal inquilino a la casa blanca —o eso se han encargado de mostrarnos los yankees—.
Al final todo esto se trata de que al pertenecer a muchos grupos acabas debiendo favores. Pertenecemos, sobre todas las cosas, a la OTAN y a la Unión Europea, organizaciones militar una y comercial la otra de primerísimo orden. Hasta ese punto bien, ¿pero saben los ciudadanos españoles cuales son las implicaciones de tales pertenencias? Porque para empezar la OTAN —Organización del Tratado del Atlántico Norte— es una organización militar supraestatal que como bloque militar enfrentado tiene a la Federación Rusa y sus aliados, ente ellos Irán, Corea del Norte o China, sólo por citar a los más graciosos. Pertenecer a una organización supone al obligado cumplimiento de los mandatos por los cuales se creó dicha organización: la defensa de sus integrantes. pero no queda ahí la cosa. La OTAN es capaz de dejar fuera del tratado determinados territorios para no tener que mediar entre sus socios en caso ese conflicto diplomático y7o militar entre ellos. Ese es el caso de Ceuta, Melilla y Gibraltar, territorios que no están incluidos dentro del tratado para así evitar tener que tomar partido por Reino Unido o España.
Si hablamos de Unión Europea hablamos del enésimo intento de Alemania por hacerse con el control de Europa. En esta ocasión ha sido mucho más sutil, dos guerras mundiales no funcionaron, ¿por qué iba a funcionar la tercera? Tercera Guerra Mundial habrá, pero no será en territorio europeo. La Unión Europea es la heredera de la antigua Comunidad Económica Europea y eso es lo que es, una unión destinada a establecer lazos comerciales y de migración fuertes y profundos que dificulten cualquier tipo de nuevo conflicto militar entre sus estados miembros. Así nació por parte de los aliados esta asociación, un grupo que Alemania ha sabido capitalizar muy bien en pro de sus intereses.
Mientras tanto, en nuestra casa, nuestros gobernantes siguen en sus trece sin querer darse cuenta de que la política ha cambiado. Lo ha hecho en todo el globo, la información y el poder que dan el acceso a Internet nos han hecho madurar una mejor capacidad de crítica a los ciudadanos. Y son este tipo de cosas las que hacen que el voto en las elecciones se fragmente y que nuevas formaciones políticas cubran necesidades ideológicas que los partidos tradicionales no han sido capaces de detectar y mucho menos explorar.
Ahora, que no sé si es mejor que lleguen a un acuerdo o sigamos sin Gobierno: el paro está bajando, el país funciona y la Unión Europea no nos sanciona a pesar de haber superado reiteradamente el objetivo de déficit. ¿Qué más podemos pedir?

España, o la geopolítica mal entendida

España, o la geopolítica mal entendida. Precisamente es eso lo que quiero reflejar porque creo que seguimos siendo un país con cretinos que disfrutan de capacidad de gobierno y eso es un problema serio. La mediocridad y la escasez de altura de miras de nuestros dirigentes es flagrante a ma´s no poder. Ninguno de ellos en tiempos democráticos ha hecho honor a nuestra, ni si quiera el malogrado Suárez. ¿Saben acaso estos señores algo de nuestra historia?España, azote de El Turco y punta de lanza de la Cristiandad forjó el mundo moderno en el que nos encontramos. A estas alturas de la función en la que nos encontramos no es excusa válida enarbolar la Leyenda Negra ni sandeces similares, no por un español. No conocer nuestra historia, la que forjó el destino del planeta, no tiene ningún tipo de paliativo.

Los americanitos conocen al pie de la letra la historia de su patria, desde tergiversada, desde que son muy jovencitos. Me encanta la imagen bucólica que evoca la referencia a los padres fundadores de los Estados Unidos de América dulcificada al extremo representando a unos políticos radicales que unieron estados españoles junto a colonias rebeldes británicas a su causa a sangre y fuego, contra su voluntad, como unos señores campechanos y cuya mayor preocupación era erradicar la esclavitud —¿por qué tendrían ellos mismos esclavos entonces?— de la que nos culpaban a los españoles. De aquellos polvos llegan estos lodos, y ahora es Trump el que se encuentra con la oposición de los descendientes que son estadounidenses con todos los derechos pero con apellidos de origen peninsular. la Leyenda Negra comienza a diluirse y los dos lados hispánicos del Atlántico están más cerca que nunca.

Es triste que nos creamos lo que nos inculcan los que siempre fueron nuestros enemigos. Que compartamos parlamento en la OTAN, ONU o Unión Europea, mesa y mantel no significa que sigan siendo una amenaza para nuestro status quo. Siempre estamos sometidos a sus exigencias y, si no entramos a razones, ya se encargan de lo que lo hagamos por malas artes. Sólo hay que leer los cables norteamericanos filtrados por WikiLeaks en los que se habla de España para darse cuenta del nivel de injerencia que alcanza la administración USA en nuestro país.

Y cuando nos ponemos tontos nos amenazan con invadir las Islas Canarias —se adjuntan enlaces de interés sobre este asunto—. Obviamente, los iniciados, o los que hayan estudiado la verdadera historia y no las invenciones yankee-sionistas que los aparatos de adoctrinamiento regional y el mass media estadounidense se encargan de vomitarnos cada segundo, sabrán que Estados Unidos ya utilizó tácticas intimatorias, mafiosas y de extorsión. Casos conocidos fueron los de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, provincias que perdimos por no plegarnos a las exigencias de los neo ingleses del noreste americano —que son los que gobiernan USA, no nos equivoquemos—.

Luego de todo esto los españoles somos los que tenemos una deuda con el mundo, los que tenemos que reparar no sé muy bien que memoria histórica internacional. Nadie echa cuenta la cantidad de campaña contra española que se ha hecho durante décadas en el cine made in USA con declaraciones del señor Spielberg o la señora Streisand de que no pisarían suelo español por la expulsión de los judíos realidad en tiempos de los Reyes Católicos. ¡Por favor! Pero si han ido hasta Alemania. Quizá habría que hablarles del holocausto, pero claro, de aprovechamiento propagandístico sionista y de atentados y operaciones de falsa bandera tenemos para rato para hablar —¿alguien ha dicho USS Maine?—.

En fin. Necesitamos gobernantes que estén orgullosos de lo que fuimos, de lo que somos y de lo que podemos ser. Es hora de que España lidere a sus hijos, que ya son mayores de edad, algunos de los cuales está llamando a la puerta pidiendo amparo. Puerto Rico, Sidi-Ifni, Guinea Ecuatorial, Chiloé y todos los que vendrán. #SpainExit #TrumpMakeMexicoSpainAgain.

Enlaces de interés:

“Estados Unidos nos envió el mensaje de que si no entrábamos en la OTAN se harían con Canarias”.- http://www.laopinioncoruna.es/espana/2015/04/26/estados-unidos-envio-mensaje-entrabamos/950348.html