No nos dejemos engañar

Hace mucho tiempo que la política en España se está radicalizando en sus posturas fundamentales. Sí, es cierto que este proceso también se está produciendo en el resto de los países de nuestro entorno y parece ser una tendencia. Pero es que en nuestro país toman un tinte más funesto si cabe la radicalización y las tesis meramente populistas de la izquierda y la derecha cuando tenemos todavía fresca una guerra, la de España, que tanto dolor causó por una situación muy similiar en terminos de posicionamientos políticos.

Nos hemos radicalizado y no nos hemos dado cuenta, y han tenido que venir autores como Arturo Pérez-Reberte o directores como Alejandro Amenábar a mostrarmos con su obras que en todas las casas cuecen habas, y en la mía a pucherazos. Y es que todo el posicionamiento doctrinal en matería política de este país viene a resultas de la Guerra Civil. Lo chocante es que prácticamente nadie conoce dicho conflicto con suficiente profundidad para huir de posiciones acérrimas y observarla desde una perspectiva dada que explicará los hechos por ellos mismos. Una guerra es una guerra, en una gueraase mata en el frente, pero también en la retaguardia. Y cuando una guerra llega es porque el resto de los recursos han fallado o se ha propiciado su fallo.

Estos días podemos observar uno de los motivos últimos de nuestra postrera guerra fraticida en el recuento electoral de Estados Unidos. Todo lo que no sea un sistema donde cada voto valga lo mismo es injusto. Y en Estados Unidos ocurre que los votos otorgan compromisarios y puede darse, y se da, el hecho de tener más votos en general en un estado de la unión y sin embargo no ganar los compromisnarios del mismo. Es por eso mismo que el señor Donald Trump obteniendo menos votos en el global de la unión consiguió la presidencia frente a Hillary Clinton, la candidata más votada — superó a su rival por casi tres millones de votos —. Ahora vemos que al actual presidente de los Estados Unidos se le ha vuelto la tortilla.

Algo similar, sin llegar a tal extremo, le ocurrió a las elecciones generales de 1936 convocadas por la II República. Sin tener en consideración los rumores bastante fundandados de pucherazo electoral — práctica muy habitual por aquel entonces en España y en la mayoría del mundo — habría que decir que el Frente Popular — la colación de izquierdas — ganó las elecciones por un estrecho margen de poco más de 150.000 sufragios. Ese exiguo 1,5% más de votos le otorgó el 55% de los escaños a dicha coalición mientras que la coalición del Frente Nacional — la derecha — sólo obtuvo el 33%. Es decir, un 1,5% más de votos le otorga al vencedor un 60% más de escaños en el Congreso de los Diputados. He aquí un problema, que es el problema de siempre y que es el mismo problema que tiene Trump: el sistema electoral que se expresa en la Ley Electoral aplicable en cada caso. Y es que es obvio, mientras no sea el votante el que elija con su voto directo al presidente de su nación siempre vamos a tener este tipo de suspicacias. A la postre, no vale lo mismo un voto de una persona de Castellón, que de un ciudadano de Madrid u otro de Guipúzcoa. De aquellos polvos vienen estos lodos.

Y eso nos lleva a Largo Caballero. No diré PSOE porque aunque comparten siglas y símbolos poco o nada tiene que ver la formación política del año 1936 con respecto a la actual más allá de la actitud de nuestro señor presidente del Gobierno Pedro Sánche Castejón o el inefable José Luís Rodríguez Zapatero y sus respectivos secuaces. La inmensa mayoría de su militancia y sus votantes no merecen tal comparación. Y digo esto porque estos seres anteriormente nombrados siguen creyendo en fábulas figurativas que ven al socialismo como la antesala del colectivismo y la internacional socialista. Piensan que estamos en tiempo de lucha de clase y olvidan que el reparto de la riqueza, cosa que me parece necesaria, siempre debe estar a expensas de dos cosas, a saber: 1. contar con quien tiene el capital para que lo invierta y lo haga fluir y 2. disminuir el tamaño del estado que, en el caso de España, es una auténtica aberración con más de tres millones de servidores públicos y 400.000 políticos. Pero no, esta gente lo soluciona todo con gasto público con el dinero que no tiene a base de endeudamiento externo y subida de impuestos. Y mientras tanto los mal llamados sindicatos se mantienen en un discreto segundo plano no vaya a ser que sus matrices vayan a afearles otro tipo de conductas a sus brazos sindicales.

Y decía que eso nos lleva a Largo Caballero, a ese gran peligro político que lo fue, e inculto e ignorante hasta la médula. Un tipo que arengaba a la guerra civil si el Frente Popular no obtenían mayoría absoluta en las elecciones generales en 1936 y que veía el gobierno de la colación de izquierdas como el paso previo a una república socialista. Un individuo que preconizaba no creer en absoluto en la democracia y que ésta sólo era una vía para alcanzar la dictadura del proletariado. Un golpista condenado. Un tipo responsable a nivel intelectual del asesinato del líder de la oposición, Calvo Sotelo, el 12 de julio de 1936. Vamos, un bolchevique de libro. ¡Y qué decir de su amigo Indalecio Prieto…! En este punto recomiendo encarecidamente que se visionen sus discursos en YouTube, sobre todos los de principio del año 1936, los suyos y los de Dolores Ibarruri La Pasionaria, por ilustrar con hemeroteca lo que estoy comentando.

Tenemos servido el conflicto. Unos no lo quieren iniciar porque la comunidad internacional los condenaría a la derrota moral y política desde el primer momento. Otros tratan de seducir a los militares que se encuentran al borde de la sublevación por los desmanes y las denigraciones que para las fuerzas armadas ha provocado el gobierno del Frente Popular. Y entre medio potencias autoritarias deseando posicionarse y medir sus fuerzas fuera de sus fronteras. Era cuestión de tiempo y asesinando al jefe de la oposición política en el Congreso de los Diputados se esperaba el resultado acontecido.

Está claro, ¿no? Está suficientemente claro que el problema de la Guerra Civil tiene un origen político, ¿no? Pues no. Nos falta Franco, que es el mal de todos los males para algunos y un santo cruzado para otros. Pues oiga no, que este señor pasaba por allí y se aprovechó.

Que los militares estaban preparando una sublevación con resultado de golpe de estado era un secreto a voces. Uno de esos chascarrillos comunes en los pasillos del Congreso de los Diputados. Acordémonos de la Sanjurjada. De hecho es el general Sanjurjo el que está detrás de todos los preparativos para el alzamiento militar del 18 de julio de 1936. No se iba a producir en aquellas fechas, pero la muerte a manos de militantes de izquieras vinculados con el PSOE enciende la mecha. Comienza la cuenta atrás. Sanjurjo no podrá ver si quiera el inicio de su obra porque un oportuno accidente aéreo cuando se disponía a volar desde Portugal a territorio nacional para unirse a la causa acaba con su vida. No será el único general muerto en extrañas circunstancias como anteriormente le ocurrió a Balmes y más tarde le ocurriría a Mola.

Franco se dejó querer y no se incorporó a la sublevación de manera oficial hasta el último momento, el último día a última hora. La excusa oficial fueron los bombardeos aéreos ordenados por el gobierno de la II República sobre las ciudades españolas en el norte de África de Ceuta, Melilla, Larache y Tetuán el 17 de julio. La realidad es que Francisco Franco Bahamonde estuvo conspirando desde el momento mismo que puso un pié en las Islas Canarias denigrado en el mando por parte de un gobierno temeroso de unos altos mandos africanistas afines a Sanjurjo que podían unir a su causa a la alta oficialidad militar en la península. Al principio sus aspiraciones eran modestas y estaría a la orden de Sanjurjo siendo Mola el líder de la sublevación y la propia campaña en territorio peninsular. Pero algo hizo cambiar a Franco de opinión y fue alguién que ostentaba su mismo apellido: su hermano Nicolás. El resto de la historia la sabemos, de cómo llegó a generalísimo a expensas del masón Cabanelles y la Junta de Defensa, de como se quitó toda competencia y como Serrano Súñer, a la sazón su cuñadísimo, le instruyó como pudo en materia política y económica dado que el primero carecía de todo tipo de conocimiento o formación en estas materias. Resumen: Franco fue un conspirador y un advenedizo que se deshizo físicamente de quien le molestó, hasta de José Antonio Primo de Rivera cuya imagen e ideología instrumentalizó.

Matanza del Cuartel de Montaña, Madrid. Fue el lugar elegido por el General Fanjul para proclamar la sublevación en la capital. Fue tomado por la Guardia Civil y la Guardia de Asalto leal al Gobierno de la II República y milicias populares el 20 de julio de 1936 causando casi un millar de muertos entre las tropas de la guarnición, muchos de los cuales trataron de rendirse enarbolando banderas blancas.

¿Que pasó? Que en la retaguardia, lejos del frente, los de izquierdas radicales cometieron crímenes de fanáticos ideológicamente adoctrinados y los de derecha mataban a sus enemigos ideológicos con método, con disciplina militar. Unos para robar bienes y enajenar inmuebles, luchar contra el rico o incluso el pequeño propietario o comerciante que se negaba a colectivizar sus bienes y propiedades con milicias que no combatían y se dedicaban a delinquir sin control quemando iglesias y matando religiosos. Otros porque el cura de turno se sentía ofendido porque tal o cual no iba a misa o no era un buen católico, en represalia por actos vandálicos contra propiedades de la Iglesia o en venganza de asesinatos de correligionarios. Vamos, nada de poner la otra mejilla, ni de misericordia o piedad. En tiempo de guerra todo agujero es trinchera. Cualquier escusa es válida para resarcir envidias, despechos, desplantes e incluso por lemas de lindes. Pero vaya, que todos mataban. A lo mejor esperábamos que en la guerra no se hicieran cosa de guerra.

Y en medio de aquello los españoles de bien. La inmensa mayoría de personas que, aún simpatizando con uno o otro lado de la bancada política nunca alzarían su mano para causarle al otro el menor daño. Hombres reclutados a golpe de amenaza en levas obligatorias para uno u otro bando. Rojos combatiendo en el bando Nacional por mera ubicación geográfica. Fascistas combatiendo en las filas del Ejército Popular por mera casualidad. Combatientes, carentes en su mayoría de ideología o preferencia, combatiendo contra iguales por mantener su integridad física simplemente. Chaqueteando de un bando a otro para ver a su familia, reunirse con sus hermanos en el frente o para no ser asesinado al ser copado o tomado como prisionero. Unos con comisarios políticos que eran capaces de asesinar combatientes por la espalda si los veían flaquear en el asalto. Otros con capellanes que bendecían armas y auspiciaban en honor de Dios el exterminio del enemigo. ¿Diferencias? De terminología, estéticas, las que puede suponer las resultantes de un choque de una religión política y una religión milenaria con seres humanos como rehenes combatientes. Decía un oficial cuando yo era militar profesional que para la tropa la guerra se reduce a un momento en que decides quién llorará si tu familia o la del adversario, porque si te paras a pensar que quien viene de frente tiene una vida, familia, amigos, no le disparas.

Masacre de Badajoz. Tras la huída despavorida de las milicias del Frente Popular ante la inminente caída de la ciudad, los ex combatientes o sospechosos izquierdistas fueron fusilados masiva y sistemáticamente por orden del General Yagüe — en adelante conocido como El Carnicero de Badajoz — del bando Nacional.

La guerra terminó y se impuso un régimen más o menos autoritario que el que hubiera surgido si el Frente Popular hubiera salido victorioso de la contienda. No era monárquico, ni era fascista, era Franco y toda una pléyade de oportunistas que sacaron a los políticos de la política y instituyeron su propia casta, para bien y para mal. Se revistió de Falange, de Carlismo, de un aura de monarquía que no fue pero que recordó a España su mística, su leyenda y sus grandes hitos y le sirvió de asidero al pequeño Paquito, al General más joven de Europa, a quien Francia condecorará con la Legión de Honor, el más condecorado por la II República. ¡Pero si engaño hasta al mismísimo Alfonso XIII! El cuarenta años de Franco y sus consecuencias.

Ahora Franco está en boca de todos por la causa populista. Causa que no entiende de izquierdas o derechas sino de arrastrar al populacho con una dialéctica vacía y malintencionada. Saben que la Guerra Civil levanta las pasiones de uno y otro lado del pueblo que, erróneamente, cree su ser querido represaliado o asesinado por ser católico defendía unos determinados ideales encarnados en determinadas formaciones políticas en la actualidad. Lo siento señores, nada más lejos de la realidad. Muchos fueron carne de cañón o expiación de venganzas primigenias como el mismo Federico García Lorca. Otros fueron pasto de radicales cobardes que nunca pisaron el frente pero mataban a personas de bien como conejos, unos vilmente y otros con método. Unos fusilaban en la tapia del cementerio, otros directamente en los bordes de fosas comunes dentro camposantos incluso con curas presentes. Pero la gran mayoría de quienes combatieron lo hicieron coyunturalmente, por pura casualidad o instinto de conservación. Esas personas son las que cerraron su etapa y trataron de volver a sus vidas dando por hecho que se podía obviar la libertad política en aras de una convivencia pacífica. Los mismos ex combatientes que en su mayoría veían con estupor en que se convertía la vida política de España durante la década de los 80 y 90, y gracias que hoy casi no queda nadie para ver en que se ha convertido el cuento.

Vamos a hacernos un favor y no confundamos a estos ex combatientes con los envalentonados politicuchos que huyeron al exilio a la primera de cambio y comandaron su lucha contra el régimen desde París o Moscú. O los que escalaron puestos en el régimen como falsos falangistas tradicionalistas o afectos al régimen, casos similares a los Vestrynge y fauna similar. No confundamos a los comisarios políticos del Ejército Popular o a los páter castrenses — curas militares —, agentes adoctrinadores y/o evangelizadores, a los requetés o falangistas fanatizados o a las milicias de radicales izquierdistas todos con sed de sangre y venganza con los ex combatientes accidentales víctimas bélicas de una guerra entre hermanos. No confundamos a la Iglesia Católica con algunos clérigos ambiciosos y criminales que vieron la oportunidad de medrar en el escalafón eclesiástico patrio y vengar la creciente desafección religiosa del pueblo español causada por un estamento religioso alejado del pueblo y de la realidad. Nada que ver por favor. Ni todos eran falangistas — ni mucho menos — ni todos eran milicias de postureo.

Y después de aquella guerra la vida continuó. ¿Recordáis el final de Juego de Tronos? Pues igual.

Mi alegato va en favor de huir del populismo barato que se vomita constantemente en medios y redes sociales. Huyamos de lo que algunos líderes políticos con cargos electos en el actual Gobierno de España fomentan por obra u omisión. Huyamos de ese revanchismo vacuo que muchos sienten porque son incapaces de ver que la gran mayoría de sus antecesores que enarbolan como víctimas del franquismo o víctimas de la retaguardia republicana quizá no eran si quiera correligionarios reales de la causa por la que murieron y que, casi con total seguridad, murieron gentes de su familia víctimas de uno u otro bando en retaguardias o campos de batalla.

En la guerra sólo hay honor para el soldado profesional, el que lo es por vocación. No lo hay para el pueblo obligado a combatir en nombre de unos líderes que fallaron en su mandato, que no pierden sus vidas y mandan a quiénes debieran proteger a que la pierdan por sus ideas, por las ideas de sus líderes. Y aunque muchos combatiríamos por nuestra patria, nuestras ideas, nuestras familias, nuestros amigos o nuestro vecinos, ¿valdría la pena hacerlo por culpa de quiénes no supieron hacer honor a los designios de la soberanía nacional? ¿Alguien iría al frente por ideologías prostituidas de mano de unos políticos ineptos y mediocres? ¿Quién es el enemigo? Sin nosotros ellos no son nadie.

La próxima vez que alguien desee dejarse llevar en brazos del populismo barato que vomitan determinados líderes populistas, alguno de ellos, partidos que antes eran constitucionalistas en todos los sentidos, que se pare a pensar. No dejemos que nos enfrenten. No nos dejemos engañar.

He vuelto a la trinchera

Hace algún tiempo que decidí tomar distancia con el hispanismo. No por nada, pero me dí cuenta que mi día a día lo ocupaba casi por completo la Historia de España. Mis conversaciones acaban circundando sobre el tema inevitablemente. Había pasado varios años buceando constantemente en el tema, leyendo, discurriendo, discutiendo en redes sociales, evangelizando y haciendo pedagogía de lo bueno que sería de que todos nos uniéramos de nuevo de algún modo.

¿Fui uno de los pioneros de ese nuevo hispanismo de red social y mensajería instantánea? Posiblemente. Incluso puse en marcha una iniciativa en forma de comunidad con un sitio web desarrollado a tal efecto. Contacté con gente de prácticamente todos territorios que un día formaron aquella gran España: Filipinas, Sahara Occidental, Guinea, Chile, Perú, Colombia, Cuna, Puerto Rico, California, Florida, Argentina… Y me dí cuenta que, incluso allí, habían gentes con mayor fervor hispanista que en la península. Todo esto me llevó a una especie de crisis de fe. ¿Éramos los españoles contemporáneos merecedores de nuestra historia? Y es algo que inexorablemente nos lleva a la Guerra de España — mal llamada Guerra Civil — en indagar en el uso de nuestra identidad por parte de uno de los bandos y el odio hacia la misma identidad desde mucho antes por parte de los integrantes del otro.

Es una pena el uso que se ha hecho de la última contienda en suelo patrio. De como la izquierda rancia ha mentido vilmente sobre su gobierno durante la II República. Poco menos que se erigieron como salvadores de una España pobre y mugrienta. Siembre sacando fotos de zonas rurales deprimidas, de andrajosos que no representan la totalidad de los territorios. Lo mismo que cuando los soviéticos sacaban fotografías de labradores colectivizados sonrientes y hoy sabemos que era mentira.

Tampoco nos hablaron de los golpes de estado de Largo Caballero y sus secuaces, aquellos que querían república, pero no democracia. Los que anhelaban la llegada de su tierra prometida en forma de dictadura del proletariado, ese eufemismo que les permitiría enriquecerse. Es triste pero es real y es verdad. Y mientras tanto pagaban la ayuda de Moscú con el oro del Banco de España. Al menos el Frente Nacional pagó la ayuda con cerca de 20.000 voluntarios divisionarios, muchos de los cuales habían combatido durante nuestra guerra en el bando Republicans (que no de la República).

La II República no nació muerta pero si herida de muerte y falleció en 1934 definitivamente. Nació solo porque el pucherazo y el menosprecio al campo se impuso, amén de un rey cobarde o en exceso condescendiente con su pueblo que no quiso morir a manos de exaltados radicales, y huyó. Aquellos mismos radicales a los que Negrín achacaría la derrota en la guerra, pues aún con contar con casi toda el arma naval y toda el arma aérea y más de la mitad de la terrestre los africanistas le ganaron la partida. Sí, aquellos radicales desheredados de la tierra con más ganas de vengarse que de combatir, terror en retaguardia y carne de cañón en el frente, postureros frente a los idealistas fotógrafos de los medios occidentales, mal pertrechados, mal preparados, carentes de disciplina y siempre luchando entre facciones. Matar religiosos o católicos varios lo hacían de maravilla, pero cuando un enemigo preparado, profesional, se aproximaba poco tenían que hacer. Se creían ungidos por un halo de protección de la diosa República, pero no, nada más lejos de la realidad.

Y con ello, y en connivencia con socialistas, comunistas, anarquistas e independentistas vascos y catalanes posibilitaron el advenimiento de aquellos otrora alabados cuarenta años de paz. Aquel generalísimo de todos los ejércitos diétame té canijo y mal proporcionado, hasta en su tono de voz, se amarró a su trono. Se alzó para salvar a España, y por ende, su república, porque este señor era republicano. Otra cosa no es lo aire hiciera después. De la prostitución de la Falange y el Tradicionalismo Carlista en aras de un sindicalismo a lo franquista ya hablaremos en otro momento, porque también tiene miga. Acabó con el socialismo sindicalista de Falange y la monetaria Carlista de un plumazo.

Ahora todos son buenos. Todos tienen recetas para sacar a España del atolladero. Pero cuidado, que son los mismos que antes y demasiado parecidos a los de 1936, más unos que otros, pero demasiado parecidos. Yo abogo por una tercera vida que nos empodere, que nos permita ayudar a quien deberían ser nuestros principales compañeros de viaje: la Hispanidad. Yo he vuelto a la trincheras en defensa de nuestra identidad colectiva, el viaje va a ser impresionante, ¿te apuntas?

Gobierno pandémico

No quería hablar del Gobierno, pero es que esto ya se está yendo de madre. Cuando hay personas sin formación y sin intención al mando de un país como España lo único que puedes sentir es esa amarga sensación de que no hay nadie al volante.

Es triste, no lo voy a negar. Y la solución sólo es una, desalojar por las buenas, mediante nuestro voto, a un gobierno incapaz e incopetente en cada una de las materias que toca. Un ente que está capitaneado por alguien que miente más que habla, que amordaza a profesionales con décadas de experiencia en gestión de emergencias sanitarias — gracias doctor Simón, a pesar del Gobierno — y que juega con los números de fallecidos reales por COVID-19 por no perder votos.

Han dejado meridianamente claro que no saben gestionar una catástrofe de esta magnitud. Entiendo que es un asituación fuera de lo normal. Entra dentro de lo escasamente previsible, pero eso no quita para que cuando se presenta una amenaza sea comunique de un modo realista y en el momento en que se produce, buscando empatía y cercanía con el ciudadano. Pero no, ha sido preferible a juicio del poder Ejectivo de este nustro país ocultar durante casi tres meses las advertencias que mandaba la OMS, así como los casos de COVID-19 que se iban produciendo. Al equivocar el modelo epidemiológico — sólo íbamos a tener unos pocos casos diagnosticados — los protocolos sanitarios no estaban ajustados a realidad. Gente con claros síntomas de la enfermedad fueron tratados como si de una gripe fuerte se tratara, y comenzó a morir gente. Y medios de comunicación vetados por un lado y mas de 15 millones para otros, estómagos agradecidos de quien sabe que la información, como la desinformación, es poder.

Pero es mas fácil que un señor vice presidente del Gobierno de España eche la culpa a todos menos a su gestión al frente de las residencias de ancianos, sobre todo en la Comunidad de Madrid. Esta gente siempre echa la culpa a esos recortes que habitan permanentemente su mente y su verbo, aún cuando se conprometió, personalmente, a gestionar la crisis de las residencias de la tercera edad. A ver si vamos a empezar a pensar que se refería a esto, a dejarlos morir, cuando se comprometió porque esta gente es la que vota a la derecha y no está dispuesto a consentirlo. No, no sería capaz.

Todos sabemos que las cifras no son realistas, gobiernos europeos así lo han atestiguado. Sólo contabilizan muertos por COVID-19 aquellos que han sido diagnosticados mediante las test homologados y han muerto en un centro hospitalario o en una residencia de ancianos. Eso implica que, dados los datos de los registros civiles y los datos de mortandad esperada, las muertes por el virus son exageradamente superiores. Y no menos preocupante serán las cifras de contagiados. Ese es el motivo de la esasez de test, que no quieren hacerlos porque de llevarlos acabo de manera masiva la población entraría en pánico y su intención de voto se desplomaría.

Es triste, pero a este Ejecutivo le ha tocado vivir una catástrofe para la que no estaba preparado. Tanto hablar de 11M, tanto hablar del Yak-42, tanto sacar la muerte de un perro en plena crisis del ébola para acabar siendo los más ineptos a pesar de los expertos ministeriales como el doctor Simón, al que le ha tocado sacar cara por todos ellos. Si este hombre hablara… Han obrado mal, ha habido mala fe — 8M — y encima nos quieren hacer culpables a todos los demás. Y todo sea de paso, han utilizado este período de semi parálisis parlamentaria para hacer de su capa un sayo y actuar con premeditación y alevosía. Han pasado la gestión de las pensiones de más 900.000 funcionarios al INSS sin ningún tipo de negociación sindical de por medio, por decreto. Han blindado al señor vice presidente del Gobierno Pablo Iglesias dentro del CNI por Decreto Ley, también. Para eso si que han tenido tiempo.

Lo triste de todo esto es que lo vamos a pagar los españoles con nuestro dinero, con nuestro esfuerzo y con nuestra pérdida de poder adquisitivo. Votar a gentes que se mueven por odio, sea cual fuere este, siempre es mal consejo. Votar a gentes que purgan sus partidos nunca es buena idea. Pero la democracia, el menos malo de los sistemas políticos hablo porque desgraciadamente las personas fichan, no votan.

España. Nación sin Gobierno.

Que España lleva sin Gobierno desde las Elecciones Generales del 20 de diciembre de 2015 es público y notoría. Además, no lo es sólo para España y los españoles, lo es para el grueso de la comunidad internacional, o al menos para los países de nuestro entorno más inmediato. Tanto es así que hasta el mismísimo todopoderoso Barack Obama, a la sazón presidente de los Estados Unidos de América, vino a dejarnos el encarguito de fortalecer la unidad de España y comenzar a trabajar para tratar de terminar de salir de la crisis, que ya dura demasiado.
De manera repetida, cual mantra, hay gente que entona el ya manido dicho de que España es  un país de pandereta y, aunque tengamos la tentación de creérnoslo no lo hagamos, no es cierto. Lo que si podemos decir con total tranquilidad es que nuestros gobernantes nunca, pero nunca desde los Habsburgo, han estado a la altura del país que conducen. Nuestros dirigentes, y es un mal del que adolece la nación sobre todo en tiempos recientes, son personajes mediocres que nunca han sido cercanos y sensibles a los problemas de sus ciudadanos porque nunca han estado al nivel en que podían haberlos experimentado. Esto no es USA donde la persecución tenaz del sueño americano te puede llevar a ser el principal inquilino a la casa blanca —o eso se han encargado de mostrarnos los yankees—.
Al final todo esto se trata de que al pertenecer a muchos grupos acabas debiendo favores. Pertenecemos, sobre todas las cosas, a la OTAN y a la Unión Europea, organizaciones militar una y comercial la otra de primerísimo orden. Hasta ese punto bien, ¿pero saben los ciudadanos españoles cuales son las implicaciones de tales pertenencias? Porque para empezar la OTAN —Organización del Tratado del Atlántico Norte— es una organización militar supraestatal que como bloque militar enfrentado tiene a la Federación Rusa y sus aliados, ente ellos Irán, Corea del Norte o China, sólo por citar a los más graciosos. Pertenecer a una organización supone al obligado cumplimiento de los mandatos por los cuales se creó dicha organización: la defensa de sus integrantes. pero no queda ahí la cosa. La OTAN es capaz de dejar fuera del tratado determinados territorios para no tener que mediar entre sus socios en caso ese conflicto diplomático y7o militar entre ellos. Ese es el caso de Ceuta, Melilla y Gibraltar, territorios que no están incluidos dentro del tratado para así evitar tener que tomar partido por Reino Unido o España.
Si hablamos de Unión Europea hablamos del enésimo intento de Alemania por hacerse con el control de Europa. En esta ocasión ha sido mucho más sutil, dos guerras mundiales no funcionaron, ¿por qué iba a funcionar la tercera? Tercera Guerra Mundial habrá, pero no será en territorio europeo. La Unión Europea es la heredera de la antigua Comunidad Económica Europea y eso es lo que es, una unión destinada a establecer lazos comerciales y de migración fuertes y profundos que dificulten cualquier tipo de nuevo conflicto militar entre sus estados miembros. Así nació por parte de los aliados esta asociación, un grupo que Alemania ha sabido capitalizar muy bien en pro de sus intereses.
Mientras tanto, en nuestra casa, nuestros gobernantes siguen en sus trece sin querer darse cuenta de que la política ha cambiado. Lo ha hecho en todo el globo, la información y el poder que dan el acceso a Internet nos han hecho madurar una mejor capacidad de crítica a los ciudadanos. Y son este tipo de cosas las que hacen que el voto en las elecciones se fragmente y que nuevas formaciones políticas cubran necesidades ideológicas que los partidos tradicionales no han sido capaces de detectar y mucho menos explorar.
Ahora, que no sé si es mejor que lleguen a un acuerdo o sigamos sin Gobierno: el paro está bajando, el país funciona y la Unión Europea no nos sanciona a pesar de haber superado reiteradamente el objetivo de déficit. ¿Qué más podemos pedir?