Cultura política, altura de miras

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En España tenemos un problema. Bueno, en realidad tenemos varios, pero sin duda alguna uno de ellos es la falta de cultura política. Yo quiero achacarlo a nuestro último conflicto bélico de carácter nacional: la Guerra de España.

Sí, ese enfrentamiento fratricida que sirvió de antesala a la II Guerra Mundial. Siempre nos lo niegan, pero la realidad es que fue así. Un conflicto que determinados actores políticos de nuestro país se empeñan en trata de vencer casi ochenta años después del fin de la contienda. Otro sector se encarga de obviarlo por sistema.

El PSOE ha reculado, y gracias a la carencia de cultura política que antes citaba, puede actuar como si no hubiese pasado nada. Si en este país los ciudadanos se preocuparan de leer e investigar un poco más antes de emitir juicios de valor estarían en disposición de conocer un hecho de suma importancia para comprender nuestra historia contemporánea: los actos y presiones del PSOE de la II República fueron los que provocaron el Alzamiento Nacional. Y no, no es demagogia, es la verdad.

Tenemos una falta flagrante de altura de miras en este país. Sentimos una desafección sangrante con respecto a la actividad política de nuestra nación. Padecemos una irreverencia crónica que nos hace buscar desaforadamente revancha cuando la formación política a la que votamos no sale elegida. No tenemos respeto por la democracia y nos permitimos criticar la política nacional, la corrupción, cuando somos en general incapaces de involucrarnos.

Pero para eso, da igual que seamos de izquierdas o de derechas — el centro no existe —ca federal que mayor autogobierno otorga a sus estados; lo que ocurre es que aquí les llamamos autonomías.

Sólo tomando una verdadera consciencia sobre esto seremos capaces de ver que en cada cosa que hacemos estamos haciendo país, o estado, y que cuando hacemos uso de lo publico, de lo que pagamos todos, también tiene un coste que hemos convenido invertir en ello a través de nuestro sistema democrático, nuestro estado del bienestar y nuestro sistema de competencias centrales y autonómicas. Así, y sólo así, nuestra actitud cambiará y nos veremos legitimados para denunciar actos impropios y corruptelas propias, porque lo veremos que si nos robaran a nosotros. Busquemos la verdadera afección por lo nuestro, por nuestro territorio, por nuestra historia, por nuestro legado, por nuestra cultura, por nuestra gente, por nuestro himno y por nuestra bandera.

Somos España. Suena fuerte.

 

fotografía: El Confidencial Digital.