Agustín Gómez

Etiqueta: Google

  • La promesa incumplida

    Llevo unos días, casi una semana, reflexionando con Gemini, mi IA de cabecera, de cómo las grandes promesas de simplificar nuestras vidas de hace unos años se han convertido en un mar de ofertas de apps con planes freemium que te dejan a medias. Eso, en el mejor de los casos. Cuando no ten encuentras con soluciones SaaS (así lo llamábamos antiguamente) que prometen facilitar tu trabajo diario y que ahorres tiempo pero en realidad te obligan a invertir muchísimo en trabajo manual y revisiones constantes.

    Comenzaré por esta casuística. Hace muchos años que soy usuario de Google Workspace. Muchos años, desde los tiempos de Google Apps. Los primeros años fueron realmente emocionantes y disruptores. Llegamos al punto en que dejé de utilizar la habitual suite de ofimática que todos teníamos instalada en nuestro PC. Google se preocupaba de lanzar nuevas funcionalidades, nuevas aplicaciones en beta que se convertían en grandes apps o, cuando menos, grandes funcionalidades en las existentes.

    Hoy en día todo eso se terminó hace mucho. Contamos con una aplicación como Tasks en la que no se incluyen ni etiquetas, ni prioridades, ni colores, ni kanban. Contamos con Keep que es una aplicación completamente aislada. Tuvimos la promesa de Google Tables que se ha convertido en un experimento fallido. Es cierto que alguna de sus funciones aparecen en Google Sheets, pero ya no la posibilidad de una app independiente para gestionar proyectos o tareas, por ejemplo.

    Si preguntas a Gemini te dirá que existe una miríada de apps integrables con el entorno de Google Workspace y que desarrollan todas esas funciones y extienden las posibilidades del sistema. Eso está muy bien de no ser por la política freemium de esas aplicaciones y de las compañías que lo desarrollan. Te ofrecen una versión para que eches un vistazo, veas lo que pueden hacer, lo útiles que son, y tras un período de tiempo, te devuelven a la versión gratuita, recortada, pobre, con funcionalidades incompletas. La solución pasa por pagar una cantidad por el servicio, con un mínimo mensual que ronda los 9€. El problema es que no existe una aplicación que cubra tus necesidades, necesitas varias. No serán 9€, serán 40€, 50€ o 60€.

    Al final caemos en la trampa de los micro pagos por servicios porque nuestras herramientas de referencia no cubren por completo lo que prometieron que harían.

    Llevo semanas luchando contra el desasosiego que me produce esta situación. Al final, si no quiero sufrir una sangría económica permanente, debo acoplarme a lo que sí puedo hacer con lo que tengo. Tengo que centrarme en lo que sí puedo hacer con mi cuenta de pago de Google Workspace y resignarme a realizar gran cantidad de procesos de manera manual. Cuando completo una tarea en Tasks debo ir a la hoja de cálculo de Sheets donde gestiono el proyecto en cuestión y la actualizo. Si se me olvida uno de los pasos pierdo información y eficacia, por eso debo ser disciplinado.

    Las herramientas en forma de apps SaaS de esta manera no son sino un papel digital donde anotar y gestionar de manera manual mi actividad. No puedo confiar en que me facilite el trabajo y la gestión, sólo me libra de tener que llevar papeles. Eso sí, ahora debo llevar más peso porque para actualizar mis hojas de Sheets siempre necesito mi laptop. Gran cantidad del trabajo no se puede hacer en movilidad. Hubo un tiempo en que la promesa es que sí sería así, pero no lo es. No es posible. No si no gastas más y más dinero cada mes.

    Es una pena, y yo que lo siento. Siempre deposité mucha esperanza en que sería verdad es de que nuestro smartphone se convertiría nuestra oficina móvil y nuestro asistente personal. Spoiler: no es así. Nuestro smartphone y nuestras herramientas sólo hacen lo que es rentable para el proveedor. Nos vemos condicionados por sus estrategia de negocio. En ese compendio de condicionamientos los grandes olvidados somos los usuarios avanzados o profesionales que trabajamos solos. Las funciones de trabajo colaborativo no nos sirven para nada.

    Y ahora vamos a dar un dato concreto: durante más de diez años fui reseller certificado de Google para Google Apps / Google Workspace. Hablo con conocimiento de causa. Al final me toca trabajar como hace veinte años. Al final trabajo igual que cuando llevaba una Blackberry porque las únicas apps de Google que siguen siendo igual de útiles y cuyas mejoras han facilitado la vida son Gmail y Calendar, para mí, sus buques insignia. Quizá las mejoras de información extendida de Contacts también sean dignas de reseñar.

    En cambio hay muchas carencias. No existe un base de datos no-code, no existe un sistema de gestión de tareas avanzado que contemple tablero kanban, cronograma, etc., no existe la posibilidad de crear una intranet dinámica (Google Sites es estática y destinada a estudiantes de primaria y secundaria), no hay un CRM, no hay un sistema de tickets… Faltan muchas cosas básicas.

    Sólo hay un a razón por la que no trabajo con Microsoft: el precio.

    Además hay otro aspecto gracioso, al menos. Cuando preguntas a Gemini sobre soluciones entra en un bucle de comentarios de empatía hacia el usuario en los que intercala consejos sobre apps que se integran o conectan con el ecosistema de Google o recomienda cambiar abiertamente a la solución de Microsoft. Reconoce que Google es incapaz de dar solución a las necesidades de un usuario avanzado y que tampoco se va a preocupar por ellas pues su nicho de clientes son los usuarios básicos sin necesidad de este tipo de funciones. Si insistes te dirá que la solución pasa porque desarrolles tus propios scripts en AppScript, tus propias extensiones o complementos. Es complicado cuando el usuario es avanzado pero no tiene capacidad de crear código. Google carece de una solución no-code para estos casos. Y i te aventuras a hacerlo con la ayuda de Gemini te da código que no funciona. Una pena.

    Google deja al usuario avanzado en un callejón sin salida donde no puede evolucionar pero tampoco puede dejar el sistema por el que ya está pagando y donde ha estado centrando su actividad. Cuando Workspace se convierte en el centro neurálgico de tu actividad ya es muy difícil salir de allí.

    Así que bueno, ya iré escribiendo sobre mis experiencias tratando de optimizar mi trabajo con Google Workspace. Promete ser toda una odisea.