
En los últimos años esta es una dicotomía recurrente que aparece cuestionada muy a menudo en el feed de cualquier de las personas que utilizamos LinkedIn como red social profesional. Está claro que el principio fundacional de esta red fue el contacto entre profesionales con el ánimo de generar sinergias, colaboraciones y negocio. El paso del tiempo y el incremento de funcionalidades hizo que los usuarios aumentaran el tipo de usos que hacían de la plataforma. Se comenzaron a subir fotos personales, storytellings de corte personal o intimista, reflexiones sacadas de libros de Paulo Coelho y, obviamente, posicionamientos políticos.
Hace un tiempo uno de mis jefes, que me consta que me aprecia y quiere lo mejor para mí, me dijo que me significaba mucho políticamente en los comentarios que hacia en las publicaciones de otras personas. Bien fuera para discutir sobre el cambio climático, la Guerra Civil o la invasión de Ucrania, bien fuera para ctiticar al Gobierno de turno o la inacción ante tal o cual catástrofe natural. Y tenía razón.
Sí, me he significado muchas veces en LinkedIn, pero también en Facebook, X (antes Twitter) o Instagram. Me he significado muchísimas menos veces de lo que hubiera deseado pero no es menos cierto que la futilidad de esa significación es la contraprestación de la sobreexposición en algo que polariza tanto a la población y, por tanto, a los usuarios de una red social.
A partir de un momento dado tomé conciencia de que tratan de polarizarnos y radicalizarnos. Entiendo que por la necesidad del bipartidismo imperante de que el votante potencial tenga sentimiento de pertenencia a uno unotto color. Entre eso y las líneas editoriales de medios masivos entramos en una espiral de retroalimentación en la que solo buscamos contenido que nos refuerce en nuestra opinión y eso hace que los propios algoritmos de las redes sociales afinen más el contenido que nos muestran, cada vez más polarizado y radicalizado. Es la tormenta perfecta.
Y yo me moderé. Tomé distancia.
A lo mejor tienen razón los que dicen que LinkedIn no es lugar para la política. Y es cierto porque los profesionales no deberíamos entrar en dilemas laterales, no deberíamos dejarnos llevar por lo que unos señores especializados en polarizar la opinión pública persiguen. Hay políticos profesionales en LinkedIn pero, ¿son profesionales de algo? Los habrá que sí, pero los menos, la mayoría busca postureo y no perder su modus vivendi.
A lo mejor la solución no es dejar de hablar de política sino hablar desde el conocimiento de causa, el pensamiento crítico y la voluntad de aportar y no de dividir. Somos profesionales y debemos crear negocio cumpliendo las reglas del marco normativo del país donde nos encontramos. Hay que respetar la voluntad del pueblo, la soberanía nacional y la democracia por más que duela (y me duele), sin las reglas que nos hemos dado como sociedad. Las cosas se cambian participando de buena voluntad, aportando. El que piensa diferente no es un enemigo, es un adversario, y no es lo mismo. Un adversario quizá tiene algo que aportar y que puedes adoptar. No hay que seguir ideologías ni dogmas, hay que seguir ideas.
Voy a soltar una afirmación muy manida, pero cierta: esto no va de los de la derecha contra los de la izquierda, esto va de los de abajo contra los de arriba. Eso sí, siempre constructivamente, siempre cumpliendo las leyes, respetando, haciendo gala de educación y urbanidad y con muchísima pedagogía.
